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Introducción - Haciendo Olas: Historias de Comunicación Participativa para el Cambio Social
Por Alfonso Gumucio Dagron
La Fundación Rockefeller, a través del Departamento de Comunicaciónque dirige Denise Gray-Felder en Nueva York, promovió desde abrilde 1997 una serie de reuniones entre especialistas de la comunicación,para reflexionar sobre la comunicación para el cambio social en losalbores del nuevo milenio.
Esas reuniones, que tuvieron lugar en Bellagio (Italia), Ciudad deEl Cabo (Sudáfrica) y Nueva York (Estados Unidos), ayudaron adefinir las preguntas —antes que los modelos a seguir— y permitieronelaborar un documento de principios que ha sido ampliamente distribuidoen inglés, castellano y francés, y a través de varios sitios Web.
Las discusiones sostenidas durante las reuniones —y en los intercambiospor correo electrónico— llevaron al grupo a reconocer queen muchos países en desarrollo pueden encontrarse procesos ejemplaresde comunicación para el cambio social en experiencias comunitariasde diversa naturaleza. Sin embargo, era necesaria una investigacióndetallada que permitiera revelar más información sobre las experienciasde comunicación participativa para el cambio social. De esa maneranació este libro.
La cara oculta
El informe reúne una colección de cincuenta "historias de casos(1)",breves descripciones de experiencias de comunicación para el cambiosocial, seleccionadas por su enfoque participativo. Algunas fueronvisitadas personalmente y la información sobre las restantes se obtuvoa través del correo electrónico, fax, teléfono e Internet.
América Latina lleva la delantera en cuanto a la cantidad y calidadde las experiencias de comunicación participativa, y la radio ha sidoentre todos los medios el más importante para el desarrollo y loscambios sociales; sin embargo, los criterios iniciales de selección teníanpor objetivo lograr una representación equilibrada entre las regionesde África, Asia y América Latina, así como entre los medios decomunicación que son herramientas particularmente centrales en esasexperiencias: radio, video, teatro, Internet, entre otros. Por otra parte,los criterios de selección fueron diseñados para identificar aquellasexperiencias con un fuerte componente de "apropiación" por partede la comunidad.
La mayoría de los criterios se mantuvieron como guía durante elperiodo de investigación, aunque en el momento de establecer unaselección final fue muy difícil escoger solamente aquellas experienciasen las que existía un componente de "apropiación" comunitaria. Larealidad mostró otros ángulos para considerar los mismos principios.Por ejemplo, algunas experiencias tenían como objetivo final la"apropiación" comunitaria, pero en el momento de la investigación seencontraban en un grado de desarrollo anterior. Otras nos parecieronsuficientemente importantes desde el punto de vista de los cambiossociales generados, aunque no llenaran estrictamente el requisito de"apropiación" por parte de la comunidad.
El resultado final es una colección de "historias de casos",importante precisamente por su variedad y su pertinencia cultural acada comunidad. Los ejemplos seleccionados muestran que lo extraordinarioen la comunicación participativa es que puede adoptardiferentes formas, de acuerdo a las necesidades, y que no es posibleimponer un modelo único sobre la riqueza de perspectivas y deinteracciones culturales. Esto equivale también a afirmar que ningunade las experiencias seleccionadas es perfecta, ninguna ha logradopleno "éxito". La dinámica de las luchas sociales y del desarrollo socialse enmarca en un proceso, acompañado por componentes de comunicaciónque están sujetos a las mismas influencias positivas y negativas.Algunas de las experiencias escogidas ya no existen, pero fueron muyimportantes para la comunidad cuando estaban en plena actividad.Otras son muy jóvenes como para elaborar conclusiones sobre sufuturo. De más está añadir que todas ellas tuvieron que enfrentarobstáculos desde su nacimiento, y que en muchos casos fracasaron enla búsqueda de soluciones, pero aun así, constituyen interesantesejemplos para el análisis.
Criterios de selección iniciales
Sin dejar de reconocer la importancia que tuvieron desde los añossesenta la difusión de información y el mercadeo social, se hizo unesfuerzo para seleccionar aquellas experiencias que permitían avanzarun poco el concepto de comunicación para el cambio social.
Fue importante flexibilizar los criterios iniciales y reconocer laimportancia de proyectos más amplios de constitución de redesregionales de comunicación, que si bien no están ellas mismasenraizadas en las comunidades, contribuyen sin embargo a apoyaresfuerzos que sí lo están.
Uno de los principales objetivos era incluir aquellas experienciasque estaban plenamente establecidas en la comunidad, y no asíproyectos institucionales cuya vida estaba condicionada por losinsumos de una organización auspiciante. Era importante que lapropia comunidad estuviera a cargo de la iniciativa, aun cuando no lahubiese generado. La iniciativa debía formar parte de la vida cotidianade la comunidad. Por ello, nos interesaban aquellas experiencias quetenían por lo menos un año completo de desarrollo desde suimplantación.
Lo ideal era que la comunidad se hubiera "apropiado" delproyecto. El ejemplo más elocuente en esta selección describe unacomunidad que controla todos los aspectos de la iniciativa comunicacional:financieros, administrativos, técnicos, de capacitación, etc. Variasexperiencias incluidas en el informe apuntan a un objetivo similarpero se encuentran todavía en un proceso de consolidación.
Otro importante criterio de selección fue tomar en cuenta lasiniciativas que han contribuido a fortalecer los valores de la democracia,de la cultura y de la paz, reforzando así la organizacióncomunitaria y permitiendo a la mayoría expresar su voz. La identidadcultural debía ser un aspecto central en las experiencias de comunicación;las comunidades estarían así en condiciones de asimilar lasnuevas herramientas de la tecnología de la información, sin por elloponer en riesgo sus valores locales o su lengua.
La investigación se orientó también hacia la búsqueda deexperiencias innovadoras en su propuesta de construir alianzas conorganizaciones no gubernamentales (ONG) locales, con organismosde cooperación y con otras instituciones; así como las que contribuyenen el desarrollo de redes horizontales mediante la puestaen común del conocimiento.
No era la intención concentrarse solamente en las experienciasmás exitosas, sino también abarcar aquéllas que, a pesar de sus fracasos,nos pueden enseñar importantes lecciones. Por lo mismo, fueronincluidas algunas que quizás ya dejaron atrás sus mejores momentos;sin embargo, tuvieron diez o quince años de intenso desarrollo y confrecuencia ofrecen más datos útiles que otras experiencias recientes,consideradas exitosas en la medida en que están aún protegidas porla asistencia técnica y el financiamiento externo.
En la preparación del informe y en la selección final de lasexperiencias, estuvo siempre presente el objetivo de lograr una representaciónequilibrada. Todas las regiones del Tercer Mundo estánrepresentadas casi por igual, aun cuando América Latina ha estadotradicionalmente más comprometida que África y Asia en los procesosde comunicación participativa.
Del mismo modo, casi todos los instrumentos de comunicaciónhan sido tomados en cuenta: video, radio, Internet, teatro, etc., conexcepción de los medios impresos, que se utilizan muy rara vezdebido a los altos niveles de analfabetismo. La radio es sin duda elmedio más utilizado y más poderoso.
Adicionalmente, se hizo el esfuerzo de incluir una representaciónbalanceada de los diferentes actores y generadores de las experiencias:la comunidad, las ONG, el gobierno, las agencias de cooperacióninternacional, las redes regionales y las organizaciones religiosas.
Comunicación participativay desarrollo
La literatura académica sobre comunicación para el desarrollo, tantoen Europa como en Estados Unidos, se refiere con frecuenciaúnicamente a libros y documentos publicados en inglés. Los ensayossobre la teoría de la comunicación para el desarrollo incluyen entresus fuentes bibliográficas referencias a los paradigmas de los añossesenta: Lerner,Rogers, Schramm…y a algunos más recientes:Jacobson, Servaes, White, Korten, Ascroft, Schiller o Habermas, entreotros. No habría en esos estudios referencias a Mattelart, Freire,Agrawal, Nair, Hamelink, Flugesang o Castells, si sus ensayos nohubieran sido traducidos al inglés o escritos directamente en inglés.Más aún, los aportes de Díaz Bordenave, Martín Barbero, Prieto Castillo,Reyes Matta, L.R. Beltrán y otros especialistas latinoamericanos noserían reconocidos, ni conocidos siquiera, si un puñado de artículos deestos autores no hubiera tenido la fortuna de atravesar la barrera dellenguaje. Aún así, lo más sustantivo de su trabajo es desconocido porlos académicos de Estados Unidos y de Europa, particularmentepara aquellos que no hacen el esfuerzo de leer en otro idioma que nosea el inglés.
Si bien es cierto que la discusión académica sobre la comunicaciónparticipativa se hizo corriente en los años ochenta, no es menos ciertoque la mayor parte de las experiencias que sirven de sustento a esadiscusión permanecen en la sombra. La mayor parte de los textosdisponibles se basa en un puñado de estudios de casos que han sidoidentificados en países donde el inglés es el vehículo que facilita lainvestigación. Estas son algunas de las razones que explican por quélas experiencias de comunicación participativa en América Latina,que se iniciaron a fines de los años cuarenta y que hoy se cuentanpor millares, no han sido suficientemente tomadas en cuenta por elmundo académico de Estados Unidos y de Europa.
A pesar de que existe una mejor comprensión —entre las organizacionespara el desarrollo en países del Tercer Mundo y entre losacadémicos de los países industrializados— sobre el papel de lacomunicación en los cambios sociales, aún se conoce poco sobre lasexperiencias concretas y los proyectos donde la comunicación hasido un factor decisivo.
Las barreras idiomáticas y la escasa visibilidad internacional quetienen la mayor parte de las experiencias comunitarias, han sido la causade muchos malentendidos en las organizaciones para el desarrollo eincluso en las instituciones académicas, sobre la esencia de las prácticasde comunicación participativa que abundan en países llamados "envías de desarrollo". Aunque existe una mayor conciencia sobre laimportancia de la participación en el desarrollo económico y social, elconcepto de comunicación participativa todavía carece de una definiciónprecisa que pueda contribuir a entender mejor su significación. Peroquizás es mejor así.
A decir verdad, la comunicación participativa no puede ser fácilmentedefinida porque no puede considerarse un modelo unificado decomunicación. El entusiasmo por las etiquetas y por las definicionessintéticas sólo podría contribuir a congelar un movimiento de lacomunicación que todavía está tomando forma y que es másvalioso precisamente por su diversidad y su desenvoltura. La palabra"participación" es caleidoscópica; cambia de color y de forma según lavoluntad de las manos que la sostienen.(2)
Las experiencias de comunicación participativa para el cambiosocial son tan diversas como los ámbitos culturales y geográficosdonde se desarrollan. Aunque el tema sea de reciente interés paramuchos académicos, su historia se expande a lo largo de medio siglo,desde los albores de Radio Sutatenza en una remota comunidadcolombiana, y desde que los trabajadores mineros bolivianos organizaronlas primeras radios comunitarias en las minas de Potosí yOruro. América Latina fue el nido donde se originaron las primerasexperiencias. No obstante, el fin de los gobiernos autoritarios en Áfricay Asia durante las dos últimas décadas del siglo pasado permitió elflorecimiento de nuevas experiencias de comunicación en esas regiones.
La diversidad de experiencias ha sido una señal de buena salud enla comunicación participativa. Sin embargo, su articulación conproyectos de desarrollo que pretenden generar cambios económicosy sociales no ha sido siempre exitosa. Parecería que las comunidadesde base han sentido la necesidad de la comunicación y han tomadolas acciones pertinentes, mientras que en los niveles de diseño e implementaciónde los proyectos controlados por financiadores o gobiernos,no ha existido suficiente conciencia de ello.
Ambos extremos tienen ahora posibilidades de encontrarse, graciasa las lecciones aprendidas por la cooperación internacional para eldesarrollo durante las últimas décadas. Demasiados proyectos fracasarondebido a la verticalidad de su planificación e implementación, y granparte de los fondos canalizados hacia los países en desarrollo no llegaronnunca a los supuestos "beneficiarios", hasta que las instituciones definanciamiento comprendieron que estaban haciendo algo mal. Si tansólo hubieran involucrado desde un principio a los beneficiarios...
Una idea tan sencilla como involucrar a los beneficiarios no habíaocupado el pensamiento de las agencias internacionales de cooperación,y cuando finalmente la idea germinó, no tuvieron capacidad paraimplementarla y vencer ciertos obstáculos; entre ellos, la inercia quehace canalizar los fondos de la cooperación a través de gobiernos —amenudo corruptos e indiferentes ante las necesidades de su pueblo— y la incapacidad de llegar a los verdaderos actores del desarrollo. A lolargo de los años, las ONG y las organizaciones comunitarias de basehan probado ser rentables desde el punto de vista de costo y eficiencia,y dignas de la confianza de las agencias de financiamiento e inclusode los gobiernos.
Las barreras culturales, pero también las actitudes arrogantes sobreel conocimiento y las prácticas verticales, no permitieron a los financiadores,planificadores y gobiernos establecer un diálogo con lascomunidades beneficiarias. El conocimiento propio de las comunidadesse percibe en el mejor de los casos como una reivindicación,pero casi nunca como uno de los principales componentes —todavíaausente— en el proceso de desarrollo.
La comunicación, en general, ha sido por mucho tiempo marginadade los proyectos de desarrollo, y aún lo es. Incluso cuando las organizacionespara el desarrollo admiten que los beneficiarios deben serinvolucrados, no logran comprender que sin la comunicación nopuede establecerse un diálogo permanente con las comunidades. Elhecho de que los proyectos de desarrollo estén generalmente en manosde economistas y técnicos impide la comprensión de temas culturalesy sociales que son centrales en una estrategia de comunicación.
Con demasiada frecuencia la comunicación es concebida comopropaganda, o en el mejor de los casos como difusión de información,pero rara vez como diálogo. Tanto la cooperación internacional, comolos gobiernos e incluso algunas ONG, ven la urgencia de la comunicacióncuando su objetivo es ganar visibilidad. En esos casos se concentranen el uso de los medios masivos, o peor aún, en la producciónde vallas publicitarias o publicidad pagada en los periódicos, actividadesque tienen impacto en las ciudades pero no en las zonas ruralesmás pobres.
El concepto del desarrollo ha evolucionado en las agencias decooperación, no así la concepción de la comunicación para el desarrollo.Proyectos que antes se desentendían completamente de lacomunicación, ahora la toman en cuenta como un instrumento depropaganda o de documentación institucional. Las campañas masivasa través de los medios de información, particularmente en apoyo deprogramas de salud, han demostrado que no pueden ser sosteniblessi no cuentan con financiamiento permanente; más aún cuando nohan contribuido a establecer canales de diálogo con las comunidades.Desde su diseño, son campañas ajenas a los beneficiarios y sus contenidosson demasiado generales para ser aceptables culturalmente,en particular en países que cuentan con una rica diversidad étnica ycultural. El mercadeo de bienes sociales que promueven sobre todolas agencias de cooperación de Estados Unidos, implica tambiéninversiones en autopromoción, para capturar el interés de los paísesen desarrollo.
El concepto de establecer el diálogo con los beneficiarios a lolargo del proceso de concebir, planificar, implementar y evaluar unproyecto ha ganado terreno paulatinamente. En un primer tiempo, secomprendió que era importante involucrar a los beneficiarios en lasactividades de desarrollo económico y social, para reforzar el sentidode "apropiación" comunitaria. Finalmente, se entendió la importanciade esa participación para garantizar la sostenibilidad del proyectodespués de la etapa de asistencia técnica.
Más tarde, los planificadores comprendieron que no era realistatratar de inculcar el sentido de "apropiación" cuando los beneficiariosno habían sido partícipes de las decisiones tomadas antes del inicio deun proyecto. Por ejemplo, una decisión aparentemente tan sencillacomo es elegir el lugar para perforar un pozo e instalar una bomba deagua, podía revelar la complejidad de las relaciones internas en unacomunidad rural. Los técnicos que a menudo veían a las comunidadescomo un universo humano homogéneo, tuvieron que recorrer unproceso de aprendizaje que los llevó a comprender que toda comunidad —al igual que la sociedad en su conjunto— es un aglomeradode grupos de interés, ricos y pobres, cuya complejidad cultural debeser primero aprehendida.
El concepto de desarrollo participativo permitió entender mejorel papel de la comunicación para el desarrollo. Actualmente, másproyectos incluyen personal y presupuesto específicamente asignadopara las actividades de comunicación. Ello ha revelado la carencia decomunicadores para el desarrollo; de hecho, se trata de un área deespecialización casi inexistente en las universidades. Entre los milesde instituciones académicas del mundo que producen periodistasdestinados a los medios de información o a la publicidad, apenas unascuantas ofrecen cursos de comunicación para el desarrollo.
Al parecer, en América Latina existen más de 300 escuelasuniversitarias de comunicación, con una población superiora los 120.000 alumnos. La mayor parte de estas escuelasbuscan formar profesionales para los medios masivos, lasactividades publicitarias, la denominada comunicaciónempresarial y las relaciones públicas. No existe una solafacultad que forme comunicadores para el desarrollo,comunicadores científicos, o comunicadores pedagógicos.Y, en parte, ahí se encuentra la explicación a tanto desastrecomunicacional como encontramos en esas actividades.…Es difícil comprender la razón por la cual siguen proliferandoestas escuelas o facultades de comunicación paracuyos graduados no hay fuentes de trabajo. La sociedadnecesita de escuelas que formen los comunicadores queno existen, al menos en las cantidades que se necesitan.(3) —Dice Manuel CalveloLos comunicadores para el desarrollo constituyen una especie rara.La mayoría de ellos corresponde al perfil de autodidactas, provenientesde otras disciplinas, que se volcaron hacia la comunicación porquesintieron la necesidad real al trabajar en proyectos de desarrollo. Agrónomos,sociólogos, extensionistas y promotores rurales han resultadomejores comunicadores para el desarrollo que los periodistas, demasiadosesgados hacia los medios masivos y hacia una práctica vertical.
Macro y micro
Un obstáculo importante para introducir componentes de comunicaciónparticipativa en programas de desarrollo es la urgencia de losfinanciadores por ampliar el impacto de los proyectos, lo cual puedeparalizar la cooperación o derivar en proyectos tan gigantescos comoartificiales, que con frecuencia fracasan estrepitosamente. Los"elefantes blancos", como se conocen en América Latina, han hechomás daño que bien en los países en vías de desarrollo. La "escala" odimensión de los proyectos está lamentablemente relacionada con lasagendas políticas y las exigencias administrativas internas de las agenciasde cooperación internacional, antes que con las necesidades dedesarrollo de los pueblos. Los condicionamientos para probar "éxito"en el corto plazo (el síndrome de los informes anuales), y medir losproyectos según la cantidad de beneficiarios (la cifra más alta posible)
—sin tomar en cuenta los aspectos cualitativos y los beneficios delargo plazo— ha generado proyectos cuyo "éxito" está directamenterelacionado con el financiamiento externo.
En un marco de desarrollo más razonable, la dimensión o "escala"de los proyectos podría resultar de la integración de las comunidadesque tienen problemas similares, facilitando los intercambios entre ellas,en lugar de multiplicar modelos que chocan con la cultura y con lastradiciones.
Las ambiciones "macro" son con frecuencia una trampa en unmundo tan diverso en sus culturas y tan rico en sus diferencias. Labúsqueda de "escala" no siempre conduce a soluciones apropiadas enel largo plazo y los modelos masivos no pueden remplazar las redescomunitarias, que se construyen desde la base. La cooperación internacionaltodavía se resiste a reconocer los 30 ó 40 años de fracasos ylos millones que se volatilizaron en programas enormes mal diseñados.La ambición de avanzar rápidamente en pos de resultados de cortoplazo y para extender la cobertura de los programas al mayor númerode personas, es una estrategia que ha resultado contraproducente.
Además, ha distorsionado el papel de la comunicación, generalmenteutilizada para fortalecer la visibilidad institucional, y muy pocasveces como una herramienta de desarrollo. Los medios masivos hansido privilegiados, sobre otros medios de comunicación, con losresultados ya conocidos: enormes inversiones de las que queda muypoco en el ámbito comunitario cuando se retira el financiamiento yla asistencia técnica.
Si se esperan verdaderos cambios en la manera como interviene lacomunicación en los proyectos de desarrollo, primero deberían producirsecambios en el interior de las instituciones de cooperación.Estos consistirían en incorporar las estrategias de comunicación desdelas fases iniciales de planificación de un programa o proyecto, porejemplo, destinando un porcentaje del presupuesto total a las actividadesde comunicación. También se requieren cambios en el perfil delpersonal de las organizaciones y de los proyectos, mediante la incorporaciónde comunicadores para el desarrollo en lugar de publicistas,y sociólogos antes que periodistas. Tal vez en algún momento seentienda que "macro" no es simplemente una cuestión de tamaño,sino de participación. Y la participación nunca puede ser masivasi se pretende manipularla desde arriba.
Lo que sigue: la evaluación participativa
Se ha progresado, aunque no lo suficiente, en el proceso de involucrargradualmente a los beneficiarios en las etapas de planificación y deimplementación de los proyectos. Sin embargo, la etapa de evaluaciónsigue siendo, por lo general, un ejercicio exclusivo de las agencias decooperación, ajeno y vertical con relación a los beneficiarios.Sorprende que aunque el sistema de evaluación es insuficiente paraabordar la participación comunitaria, siga aún vigente. Además de quelas instituciones especializadas en procesos de evaluación constituyenverdaderas industrias, hay otra razón que explica su predominancia: alcontratar los servicios de evaluadores privados, los financiadoresmantienen el control sobre las evaluaciones.
Si analizamos el tema con cierta lógica, descubrimos importantescontradicciones en la manera como se hacen la mayor parte de lasevaluaciones; la principal contradicción radica en que los beneficiariosestán al margen, como simples objetos de estudio y no sujetos quepueden contribuir en el proceso de evaluación.
En primer lugar, el hecho de que los propios financiadores y/o lasagencias de implementación contraten evaluaciones sobre sus proyectos,tiene impacto sobre la calidad de los resultados. En menor omayor medida, es muy probable que los evaluadores tengan un sesgofavorable, puesto que dependen de futuros contratos con las mismasorganizaciones y otras similares.
En segundo lugar, ¿quién define los objetivos de la evaluación?¿Quién se beneficiará de la evaluación: los beneficiarios o la instituciónauspiciante? Los objetivos de las evaluaciones generalmenteresponden a agendas institucionales.
Tercero, las evaluaciones las hacen generalmente expertos queconocen muy poco el contexto cultural, político y social, y a vecesni siquiera hablan el idioma local; en su mayoría, son consultoresde empresas privadas de Estados Unidos o de Europa. Muy pocosproyectos contratan consultores locales o de países del Tercer Mundocuyos antecedentes personales garantizan una mejor comprensiónde la cultura local. Con ese propósito, las agencias de desarrollo de lasNaciones Unidas intercambian a veces consultores entre países del sur,lo cual es un avance significativo.
Cuarto, la batería de instrumentos de evaluación generalmentese inspira en modelos ya existentes, adaptados a una nueva situaciónsin consulta suficiente con la realidad, y sin tomar en cuenta losaspectos culturales.
Quinto, con el propósito de procesar datos estadísticos, la mayorparte de las evaluaciones evitan las preguntas abiertas y se concentranen formatos tipo "checklist", que facilitan la obtención de cifras yporcentajes, en detrimento de la información cualitativa.
Finalmente, la oportunidad en que se realizan las evaluacionescorresponde también a las necesidades de los financiadores y por logeneral no tiene relevancia en la medición de los beneficios reales deun proyecto para la comunidad. Con frecuencia las evaluaciones serealizan justo al término de la intervención institucional, capturandouna imagen del proceso de desarrollo en su mejor momento.
La información que producen estas evaluaciones sirve más a losfinanciadores y/o agencias de implementación, que a los beneficiarios.Las imprecisiones en la información, pueden además oscurecer losresultados y su interpretación. Estas imprecisiones no están relacionadassolamente con los datos recolectados —por ejemplo, respecto a unacampaña sobre el SIDA— sino más bien con la falta de conocimientosobre la cultura y las formas de organización de los encuestados. La"evidencia" que los evaluadores buscan puede quedar distorsionadapor esa brecha cultural que existe entre los evaluadores y la comunidad.
En suma, el proceso de evaluación debería integrar el diálogocomo herramienta esencial. El concepto mismo de evaluación tendríaque revisarse: durante las décadas recientes se ha producido una evoluciónpositiva hacia un desarrollo centrado en la gente y hacia unacomunicación a partir de ella. Es tiempo de incluir también modelosde evaluación en los que los beneficiarios juegan un papel central.
Esto ya está sucediendo de algún modo en algunos ejemplos decomunicación participativa que tienen lugar en la comunidad. Porejemplo, durante cuatro décadas de crecimiento y expansión de lasradios mineras de Bolivia, nunca se hizo una evaluación formal, peroel hecho es que la comunidad misma estuvo —de manera constantey permanente— evaluando las emisoras y, es más, dirigiendo elproceso a través del diálogo.
Las evaluaciones honestas y útiles solamente serán posibles cuandolos financiadores depongan sus agendas institucionales. ¿Están preparadospara hacerlo? Si lo están, las evaluaciones deberían convertirse enprocesos participativos desde la etapa inicial de fijar los objetivos.
Radio: pequeñas olas ycambios gigantescos
La radio ha sido durante más de cincuenta años el instrumento másatractivo para la comunicación y el desarrollo participativos. Sin dudaes la herramienta comunicacional más extendida en el mundo y elmedio ideal para provocar cambios sociales. La radio tuvo un papelpreponderante en los cambios introducidos en el entorno comunicacionalde Europa a principios de los años setenta, cuando las radioslibres o "piratas" florecieron por centenas en Italia, Francia y otrospaíses del conservador continente. Quizás Radio Tomate y otrasemisoras que comenzaron clandestinamente, en pequeños apartamentosde estudiantes en París o Milán, se convirtieron con el tiempo enempresas comerciales exitosas, pero su contribución a los cambiosproducidos en el espectro de la radiodifusión europea es innegable.
A mediados de los años cuarenta, tres décadas antes de que segeneralizara en Europa la diversidad en los medios de comunicación —a medida que los gobiernos perdían el control— en AméricaLatina pequeñas y a veces muy aisladas comunidades de campesinoso mineros ya estaban en condiciones de operar sus propias radios, nosolamente como un desafío al monopolio estatal de los medios, sinotambién para expresar, por vez primera, sus propias voces. Las luchassociales de los años sesenta y setenta y la resistencia a las dictadurasmilitares que llegaron al poder por cortesía de la CIA, no hicieronsino contribuir a multiplicar por miles las radios comunitarias eindependientes. Cualquier pequeño país de América del Sur cuentahoy con varios centenares de emisoras, en su mayoría FM, que sirvenáreas rurales y urbanas con contenidos adecuados a la cultura, a lalengua y a las necesidades locales.
Individualmente, la mayoría de estas emisoras —que transmitendesde una escuela, una iglesia o un sindicato— tiene un alcance muylimitado, pero sumadas tienen la fuerza de un maremoto. Han logradoderrumbar gobiernos o lanzar nuevos líderes populistas. Pero sobretodo, han servido a sus comunidades diariamente, sin hacer muchoruido, abriéndose a las ideas y a las voces del pueblo (4).
Asia y África recorren hoy el mismo camino recorrido porAmérica Latina décadas atrás. A medida que los pueblos repudian alas dictaduras, nuevas voces emergen a través de los medios, y generalmentela radio está en la vanguardia de ese proceso. En cuanto seresquebraja el monopolio del Estado sobre los medios, pequeñasorganizaciones y comunidades levantan sus antenas sobre las aldeasrurales y sobre los barrios pobres de las ciudades. Asia cuenta coninteresantes ejemplos en Filipinas, en Sri Lanka o en Nepal, mientrasen África varios países han aprovechado los vientos democráticos.Sudáfrica es quizás el ejemplo más sobresaliente.
Sin embargo, la radio participativa en África está todavía ensus albores:
Creo que el término radio comunitaria no se aplica a lasemisoras africanas. Implica que una emisora ha surgido deun grupo de personas, de una comunidad o de una aldea.Pero ése no es el caso en África. La mayor parte de las radios privadas en el continente son comerciales. No quiere decir que difundan publicidad todo el día, pero fueron creadas como un negocio. La mayoría juega un papel importante en el desarrollo de cada país. Prefiero hablar de radios para el desarrollo, como las que han surgido en países de África occidental. La cultura africana tiene como base la historia oral transmitida a través de las generaciones. La radio adopta ahora el papel del anciano de la tribu, que solía contar sus historias sentado a la sombra de un árbol. (5)
La más pequeña y precaria radio comunitaria marca importantes diferencias para la comunidad. La presencia de una radio, incluso si no es muy participativa, tiene un efecto inmediato en la población.
Las más pequeñas y pobres generalmente se inician transmitiendo música a lo largo del día: ello tiene desde luego un impacto sobre la identidad cultural y el orgullo de la comunidad. El siguiente paso, estrechamente asociado a la programación musical, son los anuncios y dedicaciones, que contribuyen a reforzar las redes sociales locales.
Cuando la emisora crece en experiencia y en capacidad técnica, se inicia la producción de programas sobre temas de salud o educación que contribuyen a compartir información pertinente sobre los problemas que afectan a la comunidad.
Las radios comunitarias se han multiplicado por millares en todo el mundo durante las décadas recientes. Es casi imposible calcular con exactitud la cifra total, ya que las estadísticas no incluyen aquellas que funcionan sin registro legal. Las emisoras comunitarias son importantes en el universo social y geográfico en el que operan. De vez en cuando, los nombres de algunas atraviesan las fronteras: Radio Enriquillo en la República Dominicana, Radio La Voz de la Montaña en México, Radio Animas en Bolivia, Radio Qawinakel en Guatemala, Radio Sagarmatha en Nepal, Katutura Community Radio en Namibia, Kagadi-Kibaale Community Radio en Uganda, Chikaya Community Radio Station en Zambia...
El proceso de comunicarse a través de la radio ha pasado por varias etapas desde los años cincuenta. Este informe reúne algunos ejemplos que muestran esa evolución así como las nuevas perspectivas de la radio como herramienta para el cambio social. De los cincuenta casos seleccionados, no menos de veinte son experiencias de radio comunitaria, lo cual confirma la importancia de este medio. No sólo la radio ha sido fundamental en los cambios sociales, sino que de algún modo ha inventado la comunicación participativa.
Cronológicamente, la primera radio comunitaria -Radio Sutatenza- nació el 16 de octubre de 1947 en Colombia. Fue creada por un cura católico, José Joaquín Salcedo, con dos objetivos: difundir la doctrina cristiana entre los campesinos pobres, y enseñar técnicas para mejorar el desarrollo de la comunidad. Radio Sutatenza creció constantemente durante varias décadas hasta que la poderosa Cadena Caracol la compró a principios de los años noventa.
La participación en las radios comunitarias varía desde la propiedad total a diversos grados de involucramiento de las audiencias en la programación y en la administración.
El clásico ejemplo de apropiación y de control total de una emisora por sus oyentes son las radios mineras de Bolivia. Establecidas a partir de 1949, constituyen una de las primeras experiencias de comunicación participativa en el mundo, y uno de los ejemplos más sobresalientes de comunicación popular y participativa. No es fácil identificar otras radios que hayan sido concebidas, instaladas, administradas, dirigidas técnicamente, financiadas y mantenidas por la comunidad. Aún más, las radios mineras son el paradigma de la iniciativas comunicacionales, que son parte de un proyecto más amplio de cambios sociales y políticos. Por último, y no menos importante, es el hecho de que la red de radios mineras llegó a sumar 26 estaciones independientes en los años setenta, con una influencia conjunta nada despreciable en cuanto a su escala. Desdichadamente, ejemplos de esta calidad no abundan.
En los años recientes, hay ejemplos de emisoras en las que la propiedad comunitaria es un aspecto central, como sucede con Radio Izcanal en El Salvador o las radios locales de Burkina Faso o Haití, aunque en los dos ejemplos últimos, las emisoras fueron instaladas con asistencia técnica y fondos externos. El proyecto de instalar seis radios locales comunitarias en áreas rurales de Burkina Faso, fue una iniciativa de Tomas Sankara cuando era Ministro de Información, aún antes de convertirse en el presidente que le cambiaría de nombre a su país. El proyecto se desmoronó parcialmente cuando Sankara fue derrocado y asesinado por su amigo y compañero de armas Blaise Campaoré.
En Haití, la UNESCO donó en 1994 equipos de radio para montar cuatro estaciones de radio en áreas rurales de la isla, y proporcionó la capacitación inicial, pero al cabo de varios años las emisoras luchan todavía por consolidar su identidad, en un país constantemente sacudido por la agitación política.
La conformación de redes ha constituido siempre un desafío para los proyectos de comunicación comunitaria. Es relativamente fácil para las empresas comerciales de comunicación establecer redes verticales, debido a su organización altamente centralizada, pero no sucede lo mismo con las emisoras independientes, ya que cada una pertenece a una comunidad o a un grupo diferente. Quizás la pregunta pertinente sería: ¿qué define a una red? Las radios mineras de Bolivia se consideraban una red, pero no por tener una administración centralizada o por difundir la misma programación, sino porque tenían la capacidad técnica, y sobre todo política, de unir sus señales cuando era necesario, y porque perseguían el mismo objetivo: mejorar las condiciones de vida de los mineros y ser escuchadas por toda la nación.
Otro ejemplo de red de emisoras que vale la pena mencionar es Tambuli, en Filipinas. Cerca de veinte estaciones de radio fueron establecidas con asistencia técnica y financiamiento de la UNESCO y DANIDA. La red es funcional en cuanto a los intercambios de casetes, capacitación, reuniones y la supervisión de la Fundación Tambuli desde Manila. Sin embargo, no es una red propiamente dicha en lo que respecta a la transmisión de señales simultáneamente, en tiempo real, ya que las emisoras están dispersas en los lugares más remotos del archipiélago y no tienen posibilidades de comunicarse a través de sus transmisores de baja potencia. Técnicamente, Tambuli no es una red, aunque filosóficamente todas las emisoras comparten los mismos objetivos e ideas.
La Red de Radios Locales de Indonesia muestra que se pueden establecer redes aun cuando las radios que las integran son de propiedad privada. Una vez más, éste es un ejemplo de la diversidad que encontramos durante el proceso de investigación. Es esencial entender el contexto político de Indonesia para apreciar la importancia de esta red en el proceso de la comunicación para el cambio social.
Para empezar, no existe ninguna otra clase de radios comunitarias en Indonesia. Ninguna ley ampara a las radios comunitarias, y al cabo de varias décadas del régimen militar de Suharto, tomará todavía algún tiempo hasta que se apruebe una nueva legislación sobre comunicación. A pesar de esto, la necesidad de una comunicación democrática inspiró a la UNESCO para apoyar más de veinte radios locales privadas, pequeñas instalaciones con pocos recursos propios, y así iniciar un proceso de red de comunicación con la introducción de nuevas tecnologías. La UNESCO proporcionó equipo adicional, capacitación y asistencia técnica, de modo que las emisoras pudieran empezar a producir y a difundir noticias y programas locales. Las computadoras y el acceso a la Internet permiten a las emisoras intercambiar notas diariamente, consolidando de este modo la red. A pesar de la amenazas del ejército, especialmente en regiones políticamente candentes como Aceh, la red continúa creciendo.
En una escala mucho más grande, Púlsar es una agencia latinoamericana de noticias que distribuye diariamente por e-mail e Internet, reportajes y noticias a varios centenares de emisoras comunitarias. Desde la perspectiva de trabajo en red, Púlsar ha tenido éxito al establecer un sistema de corresponsales que abarca todo América Latina y el Caribe. Los corresponsales envían cotidianamente notas y noticias desde la perspectiva comunitaria.
Madagascar sigue un modelo similar al de la red Tambuli, con las primeras emisoras en Fianarantsoa y Morondava. Estas dos radios -una tercera será establecida en Antananarivo- fueron creadas con apoyo de la cooperación suiza (Développement et coopération-DDC) con el objetivo de servir a las comunidades rurales dentro del ámbito geográfico de influencia. Éste tampoco es un buen ejemplo de trabajo en red, debido a la falta de contacto entre las emisoras, pero podría en cambio convertirse en un ejemplo de "apropiación" por la comunidad. Durante los dos primeros años, los esfuerzos fueron dirigidos a establecer las radios como medios comunitarios, los primeros en Madagascar. Luego, el proceso contempla la transferencia total de la propiedad de las emisoras a las asociaciones rurales representadas en el Consejo de Administración. Sin embargo, hay mucha incertidumbre sobre lo que puede suceder una vez que concluya la asistencia técnica suiza.
Entre las experiencias más importantes de emisoras de radio que han triunfado al establecerse como ejemplos de comunicación participativa para el cambio social, sobresalen aquellas que nacieron con el respaldo de sacerdotes católicos. Desde la primera radio comunitaria, Radio Sutatenza (1947) a las miles que operan hoy en América Latina, la radio ha sido el medio que más ha apoyado a las comunidades en su lucha por una vida mejor. Los sacerdotes católicos que apoyaron estos proyectos de comunicación comprendieron muy pronto que la supervivencia y el desarrollo de las emisoras de radio debía vincularse a la participación comunitaria y con las verdaderas necesidades sociales, políticas y culturales del pueblo, y no solamente predicando la fé o contra el comunismo.
Nuevamente el ejemplo clásico procede de los distritos mineros de Bolivia. A principios de los años cincuenta, un grupo de curas católicos estableció Radio Pio XII en Llallagua, con el objetivo de "luchar contra el comunismo y el alcoholismo" prevalecientes entre los mineros, exactamente como unos años antes se había propuesto hacerlo Radio Sutatenza en áreas rurales de Colombia. En pocos años Radio Pio XII evolucionó acercándose a las comunidades mineras y acabó siendo parte de la red de radios sindicales. En años posteriores fue atacada por el ejército, literalmente bajo fuego de metralla, exactamente como las demás emisoras y por las mismas razones: la defensa de los derechos políticos y sociales de los trabajadores.
En La Paz, Radio San Gabriel -que se ocupa principalmente de la audiencia campesina- creció hasta convertirse en una de las estaciones de radio más influyentes de Bolivia.
Sacerdotes jesuítas crearon y todavía respaldan una de las experiencias más interesantes incluidas en este informe: Radio Kwizera, una radio que sirve a la población de refugiados establecida en el oeste de Tanzanía, cerca de las fronteras de Burundi y Rwanda. Varias de las emisoras que forman parte de la red Tambuli en Filipinas, están apoyadas en las comunidades por curas y pastores, como es el caso de Radio Tubajón y Radio Loreto, ambas localizadas en la isla de Dinagat, al norte de Mindanao. Radio Quillamba en el Perú y Radio Huayacocotla en México, se cuentan también en el grupo de radios comunitarias ejemplares, apoyadas por religiosos progresistas, completamente identificados con la población local.
No es raro encontrar emisoras de radio que han sido establecidas con el apoyo de ONG locales o internacionales, pero son menos comunes las radios comunitarias creadas y apoyadas por instituciones gubernamentales. No hay muchas entre estas últimas, y las que existen dependen en gran medida de la buena voluntad de algunos individuos que desafían las políticas del gobierno, favorenciendo las voces del pueblo. Lo que Tomas Sankara hizo a principios de los años ochenta en Burkina Faso -que por entonces se llamaba Alto Volta, hasta que él le cambió de nombre al llegar al poder- no tuvo repercusiones en otros gobiernos africanos, demasiado celosos del control absoluto sobre los medios de información. Sankara creó seis radios comunitarias cuando era Ministro de Información, y las entregó a las comunidades.
Por su parte, el Gobierno mexicano tiene una política clara de promoción de las radios comunitarias principalmente en las comunidades indígenas. Radio Margaritas es una de las 24 emisoras establecidas por el Instituto Nacional Indigenista, una institución oficial. Estas radios producen y difunden programas en 31 lenguas indígenas y castellano, y llegan a aproximadamente seis millones de indígenas mexicanos. Al igual que otros proyectos interesantes en ese país, estas emisoras son el resultado afortunado de las contradicciones políticas internas, y precisamente porque esas contradicciones están lejos de ser resueltas, las emisoras del INI han sobrevivido a varios cambios de gobierno.Radio Kiritimati, en el archipiélago de Kiribati en el Pacífico Sur, y Radio Kothmale en Sri Lanka, son también ejemplos de emisoras comunitarias que fueron establecidas y parcialmente financiadas por el gobierno, que interfiere relativamente poco en su funcionamiento.
Vale la pena describir brevemente a Radio Kothmale, ya que es una de las primeras que sugirió una convergencia entre radio e Internet. Equipada con computadoras y acceso a la Internet, la emisora recibe pedidos de información de la audiencia, luego busca en la Web los datos, y devuelve los resultados a los oyentes, en la lengua local. La radio está además dedicada a la elaboración de una base de datos con información útil para la comunidad.
En tanto que instrumento de comunicación participativa para el cambio social, la radio ofrece varias ventajas comparativas en relación con otros medios. Primero, la relación costo-beneficio es muy conveniente desde el punto de vista de la inversión, tanto para quienes instalan una radio como para la audiencia. Segundo, la radio es pertinente en su lenguaje y su contenido, ideal para llegar a la masiva población analfabeta que permanece marginada, especialmente en áreas rurales del Tercer Mundo. Tercero, la radio puede vincularse estrechamente a las tradiciones, a la cultura y a las prácticas locales. Cuarto, una vez que la inversión inicial en equipos ha sido realizada, la sostenibilidad es posible, aunque dependiendo del nivel de participación comunitaria. Quinto, en cuanto a su alcance y cobertura geográfica, la radio tiene enormes ventajas sobre los demás medios. Por último, y no menos importante, la convergencia entre radio e Internet insufla una energía nueva a la radio comunitaria y ha acrecentado enormemente las oportunidades de constituir redes.
Vídeo: la imagen de la identidad
El video como herramienta de comunicación para el desarrollo y el cambio social, ha sido siempre objeto de odiosas comparaciones y disputas con la industria de la televisión y del cine. Para merecer una identidad propia, esta herramienta audiovisual tuvo que diferenciarse de los sistemas tradicionales de difusión, generalmente orientados por intereses meramente comerciales.
Durante muchos años el video fue el "pariente pobre" de las industrias del cine y de la televisión, sólidamente establecidas. Fue percibido como un intento desesperado, marginal y de baja calidad, de competir con las redes comerciales. Debido al alto costo de operación de los canales de televisión, aquellos proyectos que aspiran a promover temas sociales o culturales a través de la televisión, están condenados a una vida breve. En las naciones industrializadas, incluso las llamadas "redes culturales" o "canales de interés público" enfrentan muchas dificultades, más aún en países pobres y subdesarrollados.
En los años sesenta y setenta se hicieron varios intentos en América Latina para establecer canales de televisión "alternativa" en países como Bolivia o Chile; pero ninguno resistió al curso del tiempo. En cierto momento, sin embargo, cada universidad estatal de Bolivia tenía –en virtud de la autonomía universitaria- su propio canal de televisión con programación cultural, debates y noticias desde una perspectiva diferente a la oficial. Pero ello duró lo que dura un espejismo. Tan pronto como se empezaron a otorgar licencias comerciales a través de subastas, los canales de televisión universitarios comenzaron a desaparecer. En Chile, como en otros países, los canales universitarios debieron competir por la publicidad con los canales comerciales, de modo que quedó muy poco de su vocación social y cultural.
Por otra parte, las redes de video independiente pudieron sobrevivir en tanto que testimonios de una realidad social que rara vez se muestra en televisión. A pesar del gusto de la audiencia, que ha sido moldeado por la oferta de la televisión comercial y de las redes de cable, el video independiente sigue vivo y cuenta con un espacio propio y diferenciado.
A lo largo de ese proceso y en la medida en que la tecnología se hizo más accesible en cuanto al costo y a la facilidad de manipularla, el video se desarrolló como una herramienta de comunicación distinta, con sus propias ventajas comparativas sobre la televisión. Los usos del video en proyectos de desarrollo social evidencian mucha creatividad y capacidad de adaptación a contextos sociales y culturales cambiantes. En países del Tercer Mundo muchos han adoptado el video del mismo modo que la generación anterior adoptó la radio, como una herramienta de apoyo a la educación, la identidad cultural, la organización y la participación política.
Muchas experiencias innovadoras de video participativo se han desarrollado en el mundo. Entre ellas: Video SEWA en India, los indios kayapo en Brasil, FAWO en África del Sur, Nuevo Amanecer en Namibia, Televisión Serrana en Cuba, TV para el Desarrollo en Uganda, CESPAC en Perú, la Unidad Video Capricornio en Zimbabwe, Video y Sueños Comunitarios en Egipto, Nutzij y Comunicarte en Guatemala. Las experiencias seleccionadas en este informe ilustran la diversidad y la flexibilidad de esta herramienta de comunicación.Entre las experiencias comunitarias, Video SEWA (India) es una de las que demuestra claramente el potencial de participación que puede desencadenar el video. Es además una de las primeras experiencias y de mayor continuidad en el mundo. Se inició en 1984 cuando Martha Stuart condujo un taller de capacitación en Gujarat, para veinte mujeres, en su mayoría analfabetas, de la Asociación de Mujeres Auto-Empleadas (SEWA, por sus siglas en inglés). La semilla fue plantada en el lugar y en el momento preciso, como puede constatarse al estudiar la permanencia de esta experiencia que se ha convertido en un instrumento importante en el trabajo social y organizativo en el interior de SEWA. Entre los méritos está el hecho de que mujeres que carecían casi completamente de una educación formal, fueron capaces de asimilar la herramienta del video, y su propio papel en la sociedad se transformó como resultado de ello. Sarah Stuart y Barkley Stuart continuaron el trabajo de la desaparecida Martha Stuart, apoyando proyectos similares en Nigeria (Action Health, 1992) y Egipto (Video y Sueños Comunitarios, 1998), a través de su organización Communication for Change.
Algunas de las mejores y más amplias experiencias de video participativo fueron promovidas por la FAO, y paradójicamente, con el consentimiento de instituciones gubernamentales. Es el caso de CESPAC (Perú, 1975), PRODERITH (México, 1978) y más recientemente CESPA (Malí, 1989). Las tres fueron inspiradas por Manuel Calvelo, un especialista en comunicación para el desarrollo que tuvo una gran influencia orientando proyectos de comunicación participativa en América Latina. Dos comunicadores peruanos que se habían formado en CESPAC bajo la tutela de Calvelo, prestaron asistencia técnica a la experiencia desarrollada en Malí. Estos tres proyectos son la viva ilustración de cómo los individuos son determinantes para definir el espíritu de los proyectos participativos: Manuel Calvelo en el terreno y Colin Fraser en la sede de la FAO en Roma, fueron esenciales en el apoyo a proyectos de comunicación de largo aliento, que seguramente funcionarios de los gobiernos y de la propia FAO consideraban muy caros y extraños.
Es importante señalar en este punto, que entre las agencias de Naciones Unidas, FAO ha sido la vanguardia en cuanto a desarrollar el concepto de comunicación para el desarrollo, seguida por UNESCO, que ha apoyado varias iniciativas de radio comunitaria. En cuanto a UNICEF, a pesar de ser la agencia que tiene el personal de comunicación más numeroso y la única que mantiene comunicadores en todos los países donde está presente, no ha tenido la capacidad de mantener una dirección en la que la comunicación participativa sea central para las actividades comunitarias. La mayor parte del presupuesto de UNICEF se invierte en campañas para recolectar fondos y en actividades de corto plazo, lo cual tiene mucho que ver con los cambios de orientación que se produjeron en la organización al morir James Grant en 1995. Las demás agencias del sistema no cuentan mucho en cuanto a promover proyectos de comunicación participativa con una visión de largo plazo.
La FAO no solamente apoyó proyectos de comunicación de largo aliento que contribuyeron a fortalecer capacidades nacionales, sino que además desarrolló simultáneamente un sólido marco conceptual a través de seminarios, reuniones internacionales y un caudal de publicaciones. La unidad de información y comunicación de la FAO tuvo sus mejores momentos bajo la dirección de Colin Fraser, y más tarde, en los años ochenta, bajo la conducción de Silvia Balit. La reorganización administrativa de la FAO a mediados de los años noventa, que implicó el traslado de personal, departamentos y recursos, parece haber afectado la visión de la comunicación para el desarrollo que era dominante en años anteriores.
Tanto CESPAC (Perú) como PRODERITH (México) –y más recientemente CESPA (Malí)- apoyan el desarrollo de la agricultura y de las organizaciones campesinas. Son proyectos que tienen un componente importante de capacitación y de uso del video como herramienta visual para difundir innovaciones técnicas sobre cultivos y ganadería. Muy temprano, los propios campesinos involucrados hicieron conocer su deseo de que también se tomara en cuenta las necesidades sociales, como el fortalecimiento de la organización comunitaria. Esta evolución coincidió con los avances en la tecnología del video durante los años ochenta: la aparición de cámaras más pequeñas, ligeras y baratas, que incorporaban baterías y cintas de casete. El video se convirtió en una herramienta ideal para favorecer el diálogo entre la comunidad y el personal técnico, y un medio para facilitar el intercambio de conocimientos horizontalmente. Los productos en video (lecciones visuales o cortos documentales) continuaron siendo un resultado importante en estos proyectos (el catálogo de PRODERITH incluye más de mil producciones), pero además el proceso mismo de elaborar los videos se hizo cada vez más importante, en la medida en que implicaba una reflexión colectiva y un dialogo sobre cada tema.
El uso del video como herramienta de participación con énfasis en el proceso antes que en el producto final, es un concepto clave en el trabajo de Maneno Mengi, un grupo basado en Zanzíbar desde mediados de los años noventa. Maneno Mengi (que quiere decir "muchas palabras" en kisuahilí), es una organización que se especializa en la producción de video de bajo costo, en apoyo a iniciativas de desarrollo social. Su trabajo ha beneficiado a pescadores y campesinos de Tanzania. Maneno Mengi usa la cámara de video como un "espejo" en el que las comunidades pueden escudriñar sus problemas y encontrar soluciones. El proceso puede durar varios meses, trabajando todos los días. La cámara de video participa en las discusiones comunitarias; los segmentos filmados son mostrados una y otra vez a la comunidad o a las autoridades competentes, cuando se juzga necesario. Después de varios meses, cuando los cambios sociales ya han comenzado a ocurrir, se hace una edición del material a la manera de un resumen del proceso. Representantes de las comunidades participan en las sesiones de edición, que se simplifican gracias al uso de computadoras portátiles cargadas con programas de edición de video.
Una mirada de conjunto a las experiencias que utilizan el video como instrumento de comunicación, nos permite clasificarlas en tres perspectivas distintas: aquellas para las que el proceso anterior al producto de video es esencial; aquellas para las que el producto mismo es el resultado final; y aquellas que enfatizan el proceso posterior a la conclusión de los videos. Ciertamente, estas distinciones no son muy rigurosas, pero nos permiten entender mejor las fortalezas de cada perspectiva.
' Tanto TV Maxambomba y TV Viva en Brasil, como Teleanálisis en Chile, son ejemplos que muestran el impacto del video una vez que la producción está terminada. Esto no quiere decir que estos grupos no se preocupen por el proceso de producción, pero ciertamente destacan sobre todo por sus estrategias para llegar a la audiencia.
La experiencia de Teleanálisis concluyó hace muchos años; pero tuvo un enorme impacto social en Chile durante los años setenta y ochenta, bajo la dictadura de Pinochet. Teleanálisis era un noticiario alternativo, cuando las informaciones eran sistemáticamente censuradas en la televisión chilena controlada por el régimen. Arriesgados camarógrafos salían a la calle para filmar manifestaciones populares, hechos de represión política y una variedad de problemas sociales. El material era editado en secreto y copiado en casetes de video para su distribución alternativa a través de sindicatos, parroquias y grupos comunitarios.
En Brasil, tanto TV Viva como TV Maxambomba operan en un contexto diferente, una democracia donde los medios de información están en manos de grandes conglomerados económicos que figuran entre los más influyentes de América Latina, como TV Globo. Tanto TV Viva (en Recife, en el norte del país) como TV Maxambomba (en Río de Janeiro), luchan para ofrecer en los barrios marginales una imagen del Brasil que toma en cuenta los problemas, las necesidades y las expresiones de las comunidades locales. A pesar de su nombre, no se trata de canales de televisión. La producción de video de estos grupos aborda todo tipo de problemas de interés comunitario: política, salud, sexualidad, desempleo, educación, cultura de la población negra, derechos ciudadanos, y medio ambiente. El humor es un ingrediente importante para atraer audiencias. En las calles y plazas de Olinda o de Nueva Iguazú, TV Viva y TV Maxambomba despliegan sus grandes pantallas para proyectar programas de video que convocan a centenares de personas, con contenidos que a la vez entretienen al público y lo educan. Para los activistas de TV Viva y TV Maxambomba, mirar un video deja de ser un acto pasivo.
La Televisión Serrana, en Cuba, es una experiencia especial porque transcurre en una nación donde el gobierno controla con mano firme los medios de información. Sin embargo, es también un país donde el cine, el video y las artes en general han gozado de un gran apoyo del estado, y de mucha libertad. El principal festival de cine de América Latina se desarrolla en La Habana cada mes de diciembre, e incluye una importante sección de video. Durante la última década del siglo, se multiplicaron los grupos cubanos de video independiente y se estableció un festival nacional que permite dar a conocer su producción. Lo que hace de Televisión Serrana una experiencia diferente, es que el grupo se estableció en una de las zonas más aisladas de la isla, en la Sierra Maestra, famosa porque fue allí donde la guerrilla castrista se implantó a fines de los años cincuenta. La Televisión Serrana se concentra en la situación social de la población campesina y proporciona a las comunidades locales la oportunidad de expresarse sobre sus preocupaciones y expectativas. Una de las actividades más apreciadas por la comunidad son las video-cartas, que los niños de la Sierra Maestra dirigen a otros niños de Cuba y del mundo.
Aunque el video como herramienta de comunicación participativa para el cambio social está recién en sus albores, su potencial es enorme debido en particular a la previsible convergencia con programas de Internet de alto contenido visual. Si bien la relación cuantitativa entre las experiencias de video y de radio actualmente es de uno a cincuenta, esto podría cambiar rápidamente durante la próxima década en la medida en que la velocidad de las conexiones es cada vez mayor y el costo de la memoria de almacenamiento para las computadoras se hace cada vez menor.
El video goza de varias ventajas comparativas que es importante mencionar. Primero, las nuevas tecnologías lo han hecho más accesible, más fácil de manipular y muy competitivo por su calidad en relación con los formatos profesionales; el video ha dejado de ser el "pariente pobre" de la televisión. Segundo, el potencial de usar el video en el marco de procesos de diálogo interactivo y además disponer al final de un producto audiovisual, constituye una enorme ventaja. La capacidad de ver inmediatamente lo que se ha filmado es una de sus cualidades más fortalecedoras; permite una participación continua y una retroalimentación inmediata. Esta dimensión permite que aquellos que son sujetos y aquellos que operan la tecnología colaboren en condiciones de igualdad. Tercero, el adagio bien conocido de "una imagen vale por mil palabras"... El poder de la imagen en la comunicación es cada vez más extenso. Las imágenes son sinónimo de verdad (aunque en realidad sepamos que esto no es cierto); los contenidos visuales tienen un gran poder de convocatoria y motivación. Finalmente, la prometedora convergencia entre el video e Internet.
Teatro: representando la vida cotidiana
En un mundo dominado por los medios de comunicación electrónicos, donde los esqueletos de las antenas de televisión pueden contarse por miles incluso en las barriadas más pobres y donde el perfil de los discos blancos de las antenas satelitales emerge incluso en medio del desierto, el teatro comunitario no solamente ha sobrevivido, sino que además juega un papel importante en la comunicación para el desarrollo.
El teatro, las marionetas, la danza y la música están ciertamente enraizados en las tradiciones culturales y en las expresiones artísticas de muchas comunidades en países del Tercer Mundo. Es muy difícil imaginar a una comunidad que haya olvidado completamente estas formas de participación colectiva y de entretenimiento. Algunas veces la tradición está simplemente adormecida, ha sido postergada para atender otras urgencias (como por ejemplo sobrevivir en un mundo globalizado), pero puede ser reanimada cuando existe una nueva motivación. Antiguos trajes tradicionales que fueron conservados a través de varias generaciones salen de baúles de madera donde habían sido cuidadosamente guardados; máscaras y muñecos de colores vivos brillan de nuevo bajo el sol; tambores o marimbas artesanales o balofones (la marimba de África occidental) recuperan sus sonidos claros. La tradición de expresar las historias locales y los sueños de una comunidad a través de la música, la danza o el teatro, tiene mucha vida aún en los lugares más aislados del planeta. Y precisamente por eso es que los proyectos comunicacionales que se nutren de las formas tradicionales de expresión, tienen muchas posibilidades de éxito.
Hay varias razones para escoger el teatro o los títeres o la danza como medios de comunicación para el desarrollo y para alentar la participación comunitaria. La primera y más obvia es que estas formas de comunicación ya existen en la comunidad y son muy apreciadas por el pueblo. Otra razón es que a pesar de que en estos tiempos los medios masivos están casi en todas partes, hay muy poco en su contenido general, que ayude a las comunidades a mejorar sus vidas y a organizarse mejor. Si tan solo la distracción no fuera solamente distracción... Por lo menos la radio, comparada a la televisión, hace un esfuerzo para llegar a las comunidades en sus propias lenguas, pero con frecuencia el contenido de la programación es ajeno y distante de las necesidades locales y en general de la identidad cultural local. Muchas de las experiencias de teatro comunitario que conocemos se establecieron porque los medios masivos no eran accesibles o porque no respondían a las necesidades locales de información y comunicación.
La red de teatro popular en Nigeria nació para servir a zonas aisladas del país, donde ni siquiera la radio nacional o estatal, y mucho menos la televisión, eran accesibles. A principios de los años noventa, UNICEF comprendió que la inversión en campañas de radio y televisión no tenía mayor influencia en zonas de Nigeria donde las comunidades vivían completamente aisladas de todos los medios masivos de información. Más aún, el propio impacto de la estrategia de radio y televisión en el resto del país estaba cuestionado. El establecimiento de pequeños conjuntos dramáticos bajo la responsabilidad de los gobiernos locales contribuyó a apoyar las actividades de educación y salud con medios innovadores de comunicación que utilizaron los recursos locales más abundantes: la gente, la cultura, la tradición y el idioma. La proliferación de los grupos de teatro constituyó un reto en la medida en que la cobertura y el impacto en la población pudieron evaluarse inmediatamente, gracias a la implementación de una comunicación cara-a-cara. Los guiones sobre los temas más importantes de salud fueron escritos y adaptados localmente según el contexto.
En Nepal, el Teatro Aarohan promueve actividades teatrales comunitarias desde 1988. Aunque el grupo no está anclado en una sola comunidad, ha empleado toda su capacidad técnica para capacitar conjuntos dramáticos comunitarios, que en su momento elaboran guiones y realizan representaciones en apoyo de la participación local para el cambio social. A través de los años Aarohan ha conformado una red de aproximadamente treinta grupos, en los lugares más remotos de Nepal.
En áreas del Pacífico Sur, se han establecido también grupos de teatro itinerantes que apoyan la participación comunitaria y el cambio social, como Wan Smolbag en las Islas Salomón, o el Awarness Community Theatre (ACT) en Papua New Guinea.
El teatro es también un importante recurso para la promoción de cambios sociales en áreas urbanas. Los ejemplos del Teatro Kerigma en Colombia, Nalamdana en India y Teatro Trono en Bolivia, ilustran esta tendencia. El teatro de la calle asume una gran variedad de formatos, desde las representaciones unipersonales, como por ejemplo los mimos, hasta las de conjuntos dramáticos más organizados. El Teatro Trono fue inicialmente fundado por niños y jóvenes de la calle en la ciudad de El Alto, una aglomeración urbana de clases trabajadoras que se extendió en las afueras de La Paz. Con el tiempo Teatro Trono se convirtió en un importante grupo cultural y expandió sus actividades hacia otras áreas urbanas de Bolivia.
Las marionetas y títeres se han utilizado también como recursos de comunicación para el cambio social, particularmente en países de Asia, como India o Indonesia, donde existe una antigua tradición. En los grupos de titiriteros se emplea una gran diversidad de técnicas y temas, de acuerdo a la audiencia. Los adultos se benefician tanto como los niños. Marionetas de hilos, títeres que se enfundan en las manos, teatro de sombras y muñecos movidos con varillas, son algunas de las técnicas que se emplean. En años recientes se ha introducido en los estudios de cine y en los programas televisión, títeres animados mediante computadoras.
Muchos grupos de titiriteros concentran su trabajo en la prevención del SIDA, entre ellos: Títeres contra el SIDA (Puppets Against AIDS - PAAN) en Namibia, en actividad desde 1995; Dadi Pudumjee en India, y Nyanga Tshabalala en África del Sur. En Hong Kong, el grupo Los Niños del Barrio (The Kids on The Block), pone en escena muñecos de gran tamaño para educar a los jóvenes sobre los problemas de discriminación de los menores discapacitados.
Algunos titiriteros usan la televisión para ampliar su audiencia, aunque esto tiene un impacto en la calidad de la percepción y de la participación. En Filipinas, el Batibot Puppet Show utiliza la lengua nacional, el tagalo, para ayudar a niños pre-escolares de familias de bajos ingresos, a desarrollar destrezas y valores a través del entretenimiento. La serie Si Unyil Puppet se difunde en la televisión de Indonesia desde principios de los años ochenta. Del mismo modo, el Puppet Theatre de Ardeshir Keshavarzi (Irán) y Uncle Sargam de Farooq Qaisar (Pakistán), son programas que gozan de popularidad en sus respectivos países. Es difícil evaluar cuantos de todos estos espectáculos de títeres realmente buscan cambios sociales y cuantos pretenden sencillamente distraer a los niños. Es obvio que la incapacidad de segmentar la audiencia de la televisión, obliga a los titiriteros a encarar la cultura y los contenidos de una manera general antes que específica, sin la posibilidad de establecer un diálogo con la audiencia.
La Carpa Lila, en Bolivia, es una experiencia sorprendente inspirada en juegos y artes de representación, todo ello bajo una gigantesca carpa de circo itinerante. El proyecto aspira a promover cambios positivos en el comportamiento sexual de la juventud boliviana y prevenir el SIDA y las enfermedades transmisibles sexualmente, mediante una combinación de actividades educativas y de entretenimiento. La Carpa Lila tiene algo de circo medieval aunque emplea técnicas educativas modernas. Donde sea que se instala, captura inmediatamente la atención de toda la comunidad. Fuera de la carpa, la gente tiene la posibilidad de asistir a exhibiciones de videos documentales sobre temas de salud, presentaciones de títeres o veladas musicales. Dentro de la carpa, los visitantes participan en varias actividades y juegos instructivos. Aunque financiado por USAID e implementado con apoyo técnico del Centro de Comunicación de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, el proyecto ha innovado más allá del consabido modelo de mercadeo social.
El teatro y los títeres como herramientas de comunicación participativa para el cambio social, implican también ventajas comparativas, particularmente cuando se trata de representaciones presenciales que no están "filtradas" por la televisión. Primero y sobre todas las demás ventajas, la pertinencia cultural, especialmente cuando la actividad está organizada por grupos locales. Los valores tradicionales son preservados y fortalecidos, y la comunicación en idiomas propios contribuye en el proceso de participación comunitaria. Segundo, el bajo costo y el alto potencial del impacto inmediato –y de poder apreciar ese impacto sobre la audiencia. Tercero, la ventaja de establecer un diálogo espontáneo que puede derivar en el proceso de aprendizaje, tanto para la audiencia como para el conjunto dramático. Finalmente, el componente de entretenimiento, que es un vehículo ideal para expresar los contenidos y para canalizar la energía de la audiencia, a través de la sorpresa y de la risa, hacia un proceso de comprensión y de participación.
Internet: modelo para armar
Aunque con frecuencia se percibe como el "futuro" de la comunicación, Internet representa el "presente" que está todavía en proceso de definición en cuanto a sus beneficios potenciales a favor de los cambios sociales.
Debido a su naturaleza como producto de la investigación científica y su desarrollo en medios intelectuales, Internet ha recibido una mayor atención de parte de sectores académicos, que cualquier otro medio de comunicación para el desarrollo. Aunque las experiencias concretas de Internet, como herramienta para el cambio social, datan de apenas dos o tres años, el número de evaluaciones y estudios realizados parece estar muy por delante de la realidad objetiva. El deseo de hacer que Internet se convierta en un instrumento propulsor del desarrollo y de cambios en la sociedad, ha llevado a muchas suposiciones e idealizaciones. Se ha dicho mucho sobre sus beneficios, cuando en verdad todo está aún por verse en el campo concreto de la experiencia. De alguna manera, la carrera para definir en el papel (en realidad, sobre todo en discusiones por correo electrónico o en páginas Web), lo que Internet debiera ser, es una reacción legítima al constatar que Internet ya es algo que no corresponde a lo que quisiéramos que sea.
La evolución misma de Internet es sorprendente. Primero fue un proyecto militar patrocinado por los organismos de seguridad nacional en Estados Unidos, luego un instrumento noble que favorecía la democracia en el intercambio de información, y finalmente un gigantesco supermercado virtual. Al principio, los militares perdieron el control de Internet en beneficio de los magos de las computadoras y de la comunidad científica; pero luego los académicos bien intencionados empezaron a perder el espacio que fue ganado por la globalización y por la publicidad comercial.
Desde el punto de vista de lo que Internet representa actualmente para las sociedades de los países en vías de desarrollo, la constatación de la realidad nos ofrece un panorama sombrío. Estados Unidos concentra tantas computadoras como todo el resto del mundo. La mitad de los usuarios de Internet está en Estados Unidos, cerca del 25% en Europa y solamente 12% a 13% en Asia. Aunque el sur de Asia concentra el 23% de la población mundial, solamente representa al 1% de los usuarios de Internet. El perfil del usuario típico de Internet es de sexo masculino, menor de 35 años de edad, con un grado universitario e ingresos altos, vive en la ciudad, habla inglés y pertenece a una minoría favorecida. En un mundo con miles de lenguas y culturas, la información que radica en el Web es 90% en inglés. Las otras diez lenguas más importantes del mundo están muy poco representadas en el 10% restante, incluyendo el castellano, hablado por más personas que el propio inglés en el ámbito mundial. En cuanto al contenido, reproduce proporciones similares. Los sitios Web de Estados Unidos dominan ampliamente con informaciones sobre todo relevantes para los usuarios norteamericanos. Un campesino de la India o una obrera de Brasil, para mencionar dos países altamente poblados del Tercer Mundo, no encontrarán mucha información de interés en el World Wide Web, incluso si él o ella pueden desempeñarse correctamente en inglés.
Se podría decir lo mismo sobre la televisión. La televisión por cable y por satélite arrasó el paisaje de la televisión en el mundo. Un mismo concepto de televisión, la misma información, las mismas películas y documentales, las mismas campañas publicitarias están disponibles (o impuestas) a través de Asia, África, América Latina, Europa y América del Norte. Con frecuencia las mismas redes de televisión –y también sus sitios Web, dicho sea de paso- están disponibles en castellano, en portugués o en japonés, pero con contenidos que no son sino una imagen refleja del original.
El video incorporado en los procesos de cambio social se ha desmarcado claramente de la televisión comercial, pero no está sucediendo algo similar en Internet. Solamente hay un Internet y es de dominio mayoritariamente comercial. En cuanto a su uso social –que hasta ahora no pasa de ser sinónimo de sembrar computadoras en zonas antes desprovistas de teléfono y electricidad- los modelos propuestos son confusos y poco definidos.
Demasiadas iniciativas muy diferentes entre sí, reciben los mismos nombres, hasta el punto que ya no sabemos qué es un "telecentro" en cuanto a su función social. Muchos son simplemente "cybercafés" para estudiantes de clase media alta o para turistas que visitan los países en vías de desarrollo. Algunos de los centros instalados en áreas rurales no son sino empresas comerciales que proporcionan servicios de comunicación a quienes nunca antes tenían acceso a ellos, lo cual en sí no es reprochable. Los telecentros rurales o las cabinas públicas de acceso a Internet se han dado modos para obtener la extensión de líneas telefónicas o conexiones por radio y por satélite, lo cual sin duda beneficia a los usuarios de las comunidades, que visitan esos centros generalmente para usar el teléfono más que Internet. Se ha avanzado mucho en cuanto al acceso a las nuevas tecnologías, pero no está aún claro en qué medida ese acceso puede contribuir al desarrollo y a los cambios necesarios en la sociedad, o si se trata simplemente de nuevos artilugios puestos de moda.
Muchos coinciden en que la introducción de nuevas tecnologías contribuye a ampliar el abismo entre ricos y pobres, tal como sucedió en los años setenta con los programas de "modernización".
Aunque se ha logrado cierto éxito en los programas de extensión agrícola, de salud, nutrición o educativos, los principales beneficiarios han sido los sectores pudientes de la sociedad. Hay muy poca evidencia sobre los efectos "en cadena" esperados por los sectores más desfavorecidos. Por ejemplo, se pensaba que la difusión de innovaciones traería la Revolución Verde, pero terminó beneficiando solamente a los granjeros y terratenientes más ricos.(...) De hecho, el abismo entre el conocimiento de los que "tienen" y los que "no tienen" se ha abierto aún en la medida en que las elites han logrado un mayor acceso a los medios masivos de información.(1)
Las nuevas tecnologías, sin embargo, no espantan a nadie. Las habilidades técnicas requeridas no constituyen una barrera para la gente pobre e incluso analfabeta que tiene la oportunidad de acceder. La manipulación de una computadora no es un obstáculo en el Tercer Mundo. Experiencias como la de El Limón en un pequeño poblado de República Dominicana, o "el agujero en el muro" en la India, muestran que gente sin previo contacto con la tecnología de computación, puede rápidamente darse modos con ayuda del ratón y del teclado.
"El agujero en el muro" es un experimento particularmente ilustrativo e interesante, desarrollado por Sugata Mitra del instituto NIIT de la India: instaló una pantalla de computadora y un control manual en una ventana abierta en el muro de una barriada pobre. En pocos minutos, los niños que comenzaron a jugar con ese misterioso objeto, descubrieron cómo funcionan los hipervínculos; y en una semana lograron escribir algunas palabras sin ayuda de un teclado, aprendieron a trasladar documentos de un lado a otro, y a navegar en Internet. Por supuesto, jugar con la caja mágica no es lo mismo que utilizar las ventajas de Internet para encontrar información pertinente y útil. El Web no ofrece aún respuesta a sus necesidades sociales y culturales.
No será fácil modelar a Internet de modo que -al menos en parte- sirva a los objetivos del desarrollo, de democracia, de cambios sociales y de identidad cultural a través de un proceso participativo, pero hay muchos que están empeñados en que esto sea posible. Los pocos proyectos con componente de Internet que han sido seleccionados en este informe constituyen un intento de desarrollar una masa crítica de conocimientos y de experiencias, que en última instancia contribuirán a un uso -orientado socialmente- de las nuevas tecnologías.
La convergencia entre radio e Internet, que se ha mencionado anteriormente, es un ejemplo interesante del tipo de simbiosis que pueden ofrecer las nuevas tecnologías. No se fortalecen solamente las radios comunitarias que amplían su alcance hacia otras latitudes, sino que también Internet se enriquece con la experiencia participativa que tanto ha contribuido en los cambios sociales de los últimos cincuenta años. La red Púlsar en América Latina, así como la Radio Kothmale en Sri Lanka y la Red de Radios Locales en Indonesia, son algunos ejemplos representativos de esa tendencia.
La red de Internet tiene mejores posibilidades de éxito como herramienta para el desarrollo y para la participación, si se vincula a las experiencias de comunicación e información que ya existen. El Sistema de Información Rural (InfoDes) en Perú, tomó esto en cuenta para establecer su sistema de informática en las bibliotecas comunitarias creadas treinta años atrás en áreas rurales de la Provincia de Cajamarca. En Colombia, Colnodo ayuda a ONGs y a organizaciones comunitarias a construir sus propios sitios Web para compartir con otros el caudal de información que poseen. En años recientes se han establecido otros proyectos similares: Ecuanex (Ecuador), Cabinas Públicas ( Perú), Conectándonos al Futuro (El Salvador). Tanto Colnodo como InfoDes –al igual que Radio Kothmale en Sri Lanka- hacen énfasis en la necesidad de desarrollar localmente bases de datos que pueden hacer de Internet un instrumento útil para las comunidades, no tan ajeno a las realidades locales. La construcción de sitios Web, si es posible en lenguas autóctonas, podría catalizar un renovado interés por Internet y alentar una mayor participación comunitaria.
En la India, la Fundación de Investigación M.S. Swaminathan (M.S. Swaminathan Research Foundation), lleva adelante un proyecto experimental en aldeas de Pondicherry, a unos 160 kilómetros al sur de Chennai (antes Madras), donde la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza, con salarios inferiores a un dólar diario. El proyecto, denominado "Centro de Conocimiento para la Seguridad Alimentaria Sostenible", fue diseñado para proporcionar información a la población rural de acuerdo a sus necesidades y demandas, utilizando simultáneamente tecnología analógica inalámbrica y conexiones directas con Internet. La información, especialmente aquella relacionada con mujeres y niños, es adaptada a las necesidades locales. Se ha puesto a disposición de las familias rurales un directorio con información sobre proyectos gubernamentales, temas de salud, precios de los productos agrícolas, eventos públicos, horarios de los medios de transporte locales, seguros para la producción agropecuaria, listas de hospitales y médicos.
Otra condición importante para las nuevas tecnologías es la vinculación de Internet a proyectos concretos de desarrollo social. Bangladesh sorprende siempre a todos con las iniciativas más creativas y los financiadores quedan satisfechos al ver que casi todas ellas se desarrollan "en gran escala", dadas las dimensiones del país y su densidad poblacional. Aunque programas tan grandes como BRAC o el Grameen Bank no sean fáciles de imitar en otros países, lo cierto es que ofrecen información abundante y muy útil como referencia.
A pesar de que no se relaciona directamente con Internet (al menos no en etapa actual), el proyecto establecido por el Grameen Bank, Sistema de Teléfono Comunitario (Village Phone System), utiliza la telefonía celular inalámbrica para proveer acceso aún en las aldeas más remotas del país. El proyecto –que incluye un componente comercial y un objetivo de orientación social- está estrechamente vinculado al sistema de crédito del Grameen Bank, lo cual facilita muchos aspectos. Los teléfonos inalámbricos son vendidos a precios muy bajos a operadores previamente seleccionados, mujeres en su mayoría, que tendrán bajo su responsabilidad la administración del Teléfono Comunitario. Precios muy accesibles han sido uniformemente establecidos para evitar la especulación; los operadores pueden pagar cada mes el servicio a la compañía de teléfono (Grameen Telecom) y sus cuotas al banco y obtener un margen de beneficio para sus familias.
En África hay otros ejemplos de acceso a Internet en áreas rurales, uno de ellos particularmente interesante, es el Telecentro Multipropósito Comunitario de Nakaseke (Nakaseke Multi-Purpose Community Telecentre), en Uganda. Cuatro unidades similares fueron establecidas conjuntamente por un proyecto de UNESCO, ITU y CIID, en Mozambique, Tanzania, Malí y Benin. Todas ellas ofrecen acceso a computadoras e Internet, fax y fotocopiadora, una biblioteca básica, exhibiciones de videos, publicaciones periódicas, grabaciones de audio y audiciones comunitarias. Los principales usuarios de Nakaseke son mujeres, jóvenes, maestros, estudiantes y dirigentes locales.
El uso pasivo de Internet puede contribuir solamente al desarrollo de un mundo cada vez más homogenizado y globalizado, un gigantesco mercado con muchos consumidores y pocos productores. El potencial de Internet puede ser explorado únicamente a través de un proceso que permita ocupar espacios y abrir ventanas para los usuarios locales.
Las ventajas comparativas de Internet y de las nuevas tecnologías se ven muy bien en los documentos, sin embargo, los desafíos son aún muy grandes para llegar a una situación en la que Internet sea un instrumento útil en lugares donde todavía no se cuenta siquiera con agua potable, menos aún con electricidad. La tecnología inalámbrica y la convergencia con la radio y con la televisión, señalan el camino a seguir. Pero la tecnología por si sola no puede constituir una respuesta adecuada si la cultura y la identidad no ocupan el centro de la discusión. Cuando una nueva tecnología se introduce en un ámbito social diferente, lo que se transfiere no es solamente la tecnología, sino su uso social, junto a una serie de supuestos y de prácticas que emergieron de otro contexto y de otras necesidades.
¿Cuál es la pregunta?
"Si la respuesta es la comunicación comunitaria, ¿cual es la pregunta?"(8) Esta pregunta capciosa nos remite a nuestras observaciones iniciales sobre desarrollo y participación. La respuesta es parte del diálogo que debe establecerse entre todos los implicados en un proceso de desarrollo que persigue cambios sociales. La sola ausencia de ese diálogo justifica la necesidad de iniciativas de comunicación participativa donde la comunidad tenga los medios para expresar lo que piensa sobre sus problemas, sobre su presente y sobre su futuro."Si la respuesta es la comunicación comunitaria, ¿cual es la pregunta?" Esta pregunta capciosa nos remite a nuestras observaciones iniciales sobre desarrollo y participación. La respuesta es parte del diálogo que debe establecerse entre todos los implicados en un proceso de desarrollo que persigue cambios sociales. La sola ausencia de ese diálogo justifica la necesidad de iniciativas de comunicación participativa donde la comunidad tenga los medios para expresar lo que piensa sobre sus problemas, sobre su presente y sobre su futuro.
La historia de la cooperación internacional para el desarrollo está plagada de anécdotas bochornosas que ponen en evidencia los extremos a los que se puede llegar debido a la ausencia de la comunicación: agentes de desarrollo incapaces de expresar sus recomendaciones técnicas y supuestos beneficiarios imposibilitados de comunicar su propia perspectiva. Un sencillo ejemplo captura la esencia del enorme malentendido: frecuentemente, en las campañas de salud que buscan minimizar las enfermedades causadas por el agua contaminada, se aconseja a las mujeres "hervir el agua" antes de tomarla. Esta consigna, que puede parecer muy concreto, fácil de entender y lógico desde todo punto de vista, en la realidad simboliza la falta de sensibilidad cultural que a menudo caracteriza a los proyectos de desarrollo.
Miles de mensajes de radio y televisión con la consigna "hervir el agua", continúan difundiéndose en países del tercer mundo, sin preocupación por su impacto. Una locutora de radio de México se expresa así al respecto: "A través del micrófono les digo a las señoras que hiervan el agua, pero sé que no lo van a hacer, porque no tienen combustible, no tienen leña". (9) Al margen de las consecuencias lamentables del agua contaminada, el 80% de las mujeres en zonas rurales del mundo usa leña para cocinar; y cuando para conseguirla esas mujeres tienen que caminar cada día cinco o más kilómetros, hervir el agua no es precisamente una prioridad para ellas.
"Si la respuesta es la comunicación comunitaria, ¿cual es la pregunta?" La respuesta podría ser: "la respuesta es la pregunta". Si las preguntas se discutieran más a menudo con las comunidades, si un diálogo permanente y sin exclusiones se estableciera entre los sectores implicados en el desarrollo, no sería siquiera necesario formular la pregunta.
Las preguntas y las respuestas sobre las iniciativas de comunicación deben ser elaboradas con la comunidad. ¿Qué clase de comunicación necesita la comunidad, si acaso? ¿Cuál es el sistema de comunicación tradicional de la comunidad? ¿Qué tipo de herramientas de comunicación puede asumir la comunidad, no solamente desde el punto de vista del financiamiento sino de la tecnología y de la apropiación social de un nuevo medio de comunicación? La investigación participativa debiera contribuir a explorar estas preguntas y apoyar a la comunidad en la búsqueda de respuestas.
Un proceso dialéctico podría además contribuir a desmitificar la percepción de que la comunidad es un universo social homogéneo. La visión idealizada de una comunidad completamente unida por su destino, su historia o su cultura, es uno de los primeros mitos encubridores que debe disolverse. Toda sociedad o comunidad contiene estratos sociales e intereses divergentes. Aunque en grados distintos, toda comunidad, urbana o rural, tiene el rico y el pobre, el político y el artista, el líder religioso y el loco del pueblo. El universo cultural es complejo y evoluciona constantemente. Las recetas hechas no funcionan, y la asistencia técnica es válida solamente mediante un diálogo y una comunicación permanentes. Los expertos en desarrollo van y vienen, y el experto "ideal", de acuerdo a Manuel Calvelo , "tiene que pasar por estas etapas: indispensable, necesario, útil, y –una vez que los objetivos iniciales se han cumplido- superfluo".
El perfil de la comunicación participativa
No existe un modelo ideal para la comunicación participativa, y cada una de las historias sintetizadas en este informe confirma el carácter único de cada experiencia, tanto por sus aspectos positivos como negativos. Todas ellas han tenido que enfrentar obstáculo y muchas no llegaron a un punto en que los insumos externos dejaran de ser necesarios. Estamos aprendiendo de las virtudes y de los defectos de estas experiencias al colocarlas lado a lado como las piezas de un rompecabezas; no porque al final de este proceso pensamos obtener un modelo completo y válido para cualquier circunstancia, sino porque de la diversidad de experiencias podremos extraer algunas piezas para iniciar un nuevo rompecabezas.
Si bien no es posible –o necesario- describir un modelo ideal, hay características comunes de la comunicación participativa que nos gustaría ver más a menudo en los proyectos e iniciativas que se reclaman participativas.
Comunicación y participación son en realidad dos palabras que comparten un mismo concepto. Etimológicamente, la alocución latina communio nos remite al hecho de participar y compartir. Las lenguas modernas han otorgado nuevos significados a la palabra comunicación, a menudo confundida con información. No menos importante es la confusión, sobre todo en idioma inglés, entre el singular comunicación -es decir el acto o proceso de comunicar- y el plural comunicaciones, que se refiere a los medios tecnológicos para transmitir mensajes, órdenes, etc.
Cuando se trata de definir el perfil de la comunicación participativa, es muy importante tener presentes las consecuencias políticas de la participación en los procesos de desarrollo:
- Un problema de poder.- La democratización de la comunicación toca de lleno el tema del poder. Los enfoques participativos contribuyen a colocar la toma de decisiones en manos del pueblo; además, consolida la capacidad de las comunidades de confrontar sus ideas sobre el desarrollo con el personal técnico y los planificadores.
- Un problema de identidad.- Especialmente en comunidades que han sido marginadas, reprimidas o simplemente postergadas durante décadas, la comunicación participativa contribuye a infundir auto-estima y orgullo por la cultura. Refuerza el tejido social a través del fortalecimiento de las organizaciones propias a la comunidad. Protege la tradición y los valores culturales, al mismo tiempo que facilita la integración de nuevos elementos.
Otros modelos de comunicación para el desarrollo, que fueron implementados particularmente en torno a esquemas de salud, fracasaron a menudo en su intento de organizar sus estrategias y sus valores sin contar con la perspectiva de las comunidades beneficiarias.
Estos son algunos de los temas que distinguen a la comunicación participativa de otras estrategias de comunicación para el desarrollo en los procesos de cambio social:
- Horizontal vs. vertical.- Los pueblos como actores dinámicos, participando activamente en el proceso de cambio social, asumiendo el control de los instrumentos y contenidos de comunicación... en lugar de ser percibidos como meros receptores pasivos de información y de instrucciones modificadoras de su comportamiento, mientras otros toman las decisiones sobre su vida.
- Proceso vs. campaña.- Los pueblos tomando en mano propia su futuro a través de un proceso de diálogo y de participación democrática en la planificación de las actividades comunicacionales... en lugar de campañas verticales, caras e insostenibles, que desencadenan movilizaciones sociales pero no contribuyen a construir una capacidad de respuesta a las necesidades sociales, desde el ámbito comunitario.
- Largo plazo vs. corto plazo.- La comunicación –y en general el desarrollo- concebidos como procesos de largo aliento, que requieren de cierto tiempo para que el pueblo pueda apropiarse de ellos... en lugar de planes de corto plazo, que rara vez toman en cuenta el contexto cultural y se concentran más bien en mostrar "resultados" en los informes anuales.
- Colectivo vs. individual.-Las comunidades urbanas y rurales actuando colectivamente en el interés de la mayoría, evitando que el poder sea monopolizado por unos pocos... en lugar de contribuir al aislamiento de los individuos de su comunidad y de la toma de decisión comunitaria, mediante acciones dirigidas al individuo.
- Con vs. para.- Investigar, diseñar y diseminar mensajes con participación comunitaria... en lugar de diseñar, probar, lanzar y evaluar mensajes que fueron concebidos para la comunidad, pero resultan ajenos a ella. ß Específico vs. masivo.- El proceso de comunicación adaptado a cada comunidad o grupo social en cuanto al contenido, el lenguaje, la cultura y los medios... en lugar de la tendencia de utilizar las mismas técnicas, los mismos medios y los mismos mensajes en contextos culturales diferentes y para diversos sectores sociales de la sociedad.
- Necesidades del pueblo vs. obligaciones de financiadores.- El diálogo en la comunidad y los instrumentos de comunicación para ayudar a identificar, definir y discriminar las necesidades sentidas y reales... en lugar de iniciativas de comunicación guiadas por las necesidades y agendas de los financiadores (planificación familiar, por ejemplo).
- Apropiación vs. acceso.- Procesos de comunicación "apropiados" por el pueblo, para ofrecer igualdad de oportunidades a la comunidad... en lugar de un acceso condicionado por factores sociales, políticos o religiosos.
- Conscientización vs. persuasión.- Un proceso de conscientización y de profunda comprensión de la realidad social, sus problemas y soluciones... en lugar de mecanismos de persuasión que inducen cambios de comportamiento a corto plazo, pero que son solamente sostenibles a través de campañas reiteradas.
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Comments
Hola
Me gustarÃa mucho obtener el informe de los estudios de caso del que se habla ¿dónde puedo conseguirlo? Mis datos son: Jatziri Pérez Ojeda. 52 86 56 31 Ext 223. Correo jperez@wwfmex.org
Solicito su autorización para bajar esta información y publicarla en un medio impreso institucional, de una Institución de Educación Superior, por favor ayudarnos a través del mail comimagen@cun.edu.co a nombre de Fabio H. Valbuena L.
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