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La mediación familiar en la construcción de la audiencia. Prácticas de control materno...

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La mediación familiar en la construcción de la audiencia. Prácticas de control materno en la recepción "tele-viciva" infantil.


Por Martha Renero Quintanar.

Martha Renero Quintanar es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara y CIESAS-Occidente. Sus áreas de trabajo investigativo: Análisis crítico de los procesos de recepción de medios de difusión / Estudio de la recepción videotecnológica, con énfasis en los "talk shows".

En el contexto cultural mexicano, la madre de familia es el agente social de más peso en el ámbito doméstico y por ende, la interacción madre-hijos es el proceso más influyente en la recepción televisiva de estos últimos.

La mediación materna resulta definitiva para observar cómo se crea, re-crea y articula un conjunto de prácticas de comunicación encaminadas a la supervivencia cultural de la institución familiar.

Así mismo, las apropiaciones y los aprendizajes que los niños derivan de su interacción con la programación televisiva, está fuertemente influenciada por la mediación materna.

Esto no quiere decir que no existan otros agentes de influencia o que las expectativas maternas sean congruentes con sus dispositivos de control, simplemente significa que su valoración y práctica resultan imprescindibles para aproximarse al entendimiento de lo que los niños aprenden, tanto del modo de ver televisión como del contenido de lo visto y escuchado.

De hecho, la mediación materna es a su vez "mediada" y está sujeta a múltiples mediaciones de carácter tanto estructural como situacional que la hace ser más una "función materna" o "maternaje", que simples actuaciones e intervenciones directas de una persona en particular.

El presente ensayo es una interpretación a posteriori, generada a partir del discurso de un conjunto de madres de familia entrevistadas, y corresponde en términos globales al objetivo del proyecto inicial de investigación de describir cómo se articulan las prácticas mediadoras maternas en diferentes estratos socioculturales, lo que a su vez apunta hacia la construcción de la tele-audiencia.

Específicamente para este artículo trabajamos sobre las modalidades del control materno y prácticas de comunicación en los procesos de recepción televisiva de niños de la frontera norte del país, si bien en cuanto a la tele-audiencia privada los resultados son generalizables a las audiencias de otras ciudades del país, como Guadalajara y México.

Las citas textuales para este trabajo se basan en el cuerpo discursivo de un conjunto de 25 madres de familia de la frontera norte, pertenecientes a 5 tele-audiencias.

El carácter cualitativo de este estudio se encamina a describir comparativamente los elementos de la mediación materna que puedan llevarnos a caracterizar dichas tele-audiencias.

Lejos de buscar una representatividad estadística, se pretende identificar pragmática y normativamente, los elementos para caracterizar a dos tipos principales de audiencia: la pública y la privada.

Aunque los mecanismos para la sobrevivencia cultural del ámbito de significación familiar son multivariados, elegimos aquellos encaminados hacia el control directo e indirecto tanto de lo que los niños ven en la TV, como del tiempo y modo de ver TV.

El aspecto nuevo a abordar aquí es que estos aprendizajes inciden a su vez, en el prestigio o desprestigio educativo de la institución familiar respecto de la televisión.

La construcción de las audiencias.
Las investigaciones de audiencias realizadas en los últimos años han enfatizado que "la interacción de la audiencia con la TV es una práctica social de comunicación, en donde se dan combinaciones específicas de mediaciones con particulares resultados".

Por lo tanto, las tele-audiencias y los sujetos sociales que las conforman "no nacen, sino que se hacen", a través de un proceso de mediación múltiple que resulta importante explorar.

Por otro lado, investigaciones etnográficas señalan que los miembros de la audiencia son capaces constructores de significados y acción social, ya que como perceptores de la TV rechazan, ignoran y usan el simbolismo del medio en sus interacciones durante y después de la exposición a la pantalla; la construcción de significado no es sólo entre el perceptor y el texto, sino también entre a gente y sus rutinas intersubjetivas.

De ahí que para comprender los usos que hacen las audiencias del texto televisivo, haya que considerar cómo contextos culturales específicos median estos usos. Giddens en su teoría social enfatiza que la actividad social se estructura a través de "reglas" o sobre-entendimientos coordinados interpersonalmente que construyen y regulan patrones de conducta social y reflejan valores culturales legitimados, concretados y extendidos por historias específicas de acción social.

De esto se deriva la necesidad metodológica de conocer, registrar y comparar la especificidad cultural e histórica de los procesos sociales que contextualizan la interacción de la gente con la TV.

Así pues, la exploración empírica de la estructuración de la audiencia, radica en observar la especificidad de sus prácticas de recepción televisiva, las cuales se concretizan en las denominadas "estrategias de recepción" El carácter empírico de éstas hace difícil su ordenamiento en "tipologías" o como lo expresó una madre, "cada familia tiene su propio estilo educativo".

Efectivamente, tanto la combinación de mediaciones como las mismas estrategias de recepción televisiva son frecuentemente contradictorias (especialmente en el nivel pragmático) y su carácter de "audiencia", se aprecia sólo en su particular modo de articulación.

Para comprender mejor las dimensiones de las prácticas sociales de comunicación que conforman a las audiencias, nos referimos a la teorización de Martín-Barbero quien ubica tres dimensiones en toda práctica social: la socialidad, la ritualidad y la tecnicidad.

Estas tres dimensiones se significan en el tejido social como la activación de la competencia cultural y comunicativa de la gente que cotidianamente participa a través de sus interacciones, en la construcción de nuevas esferas de significación social y nuevas formas de trabajar, educarse y divertirse.

En el presente trabajo intentamos caracterizar a la audiencia, según el conjunto de prácticas de comunicación cuyo eje de significación se articula a partir de la "socialidad" o lucha cotidiana por el control del tiempo de exposición a la pantalla (el exceso que reportan las madres a este respecto, nosotros lo denominamos "tele-vicio" infantil, caracterizado por otros autores como "tele-adicción"), por el estilo comunicativo de la interacción madre-hijos y por la postura ante el carácter "educativo" de los contenidos televisivos a que habitualmente se someten los niños.

El ejercicio cotidiano y las modalidades de estas prácticas no son homogéneos y sobre todo, no están exentos de contradicciones .

Su manifestación no sólo influye en el carácter de la mediación materna, sino en última instancia en la legitimidad de la misma esfera de significación familiar.

La competencia por el liderazgo educativo.
En el contexto citado, ubicamos a la mediación materna en la lucha por el prestigio educativo, respecto a otros dos agentes socializadores como son la televisión y la escuela.

Consideramos que tanto la institución familiar, como la televisiva y la escolar, en su carácter social y socializante, entablan una relativa competencia cotidiana por el liderazgo educativo de la niñez y la juventud.

La competencia entre estas instituciones está plagada de contradicciones que se manifiestan fundamentalmente en el nivel del discurso, en la imposición de significados y en las prácticas mediadoras.

Especialmente el choque entre valores y prácticas de comunicación familiares de carácter "tradicional" en el proceso de actualización y aprendizaje de nuevas competencias y habilidades comunicativas, da lugar a una serie de contradicciones cuyo resultado no es unilateral ni predecible.

El desprestigio paterno hacia la televisión.
Esta dimensión surge como un concepto predominante a partir del mismo discurso materno y no corresponde a categorías concebidas de antemano.

Los criterios relevantes para la comprensión del conjunto de los valores, normas y prácticas mediadoras enunciadas por las madres de familia, tienen como parte medular concepciones que a la vez prestigian y desprestigian la TV, en tanto la TV propicia aprendizajes informales en el tiempo libre de los niños.

Las razones que enuncian y las situaciones concretas que practican respecto al uso que hacen sus hijos de la televisión, son diferentes en la tele-audiencia pública y en la privada, variando con ello el estilo comunicativo y el modo de socialidad y tecnicidad desplegados por ambas.

La dimensión del "desprestigio hacia la TV", no excluye la aparentemente opuesta del "prestigio hacia la TV", ambas tienen particular significancia en la dimensión de la "socialidad", es decir, en la lucha materna cotidiana por el control del tiempo dedicado a ver TV y por el prestigio educativo de ésta en el marco de la tendencia modernizadora que legitima el disfrute televisivo como la principal y casi única fuente de entretenimiento infantil.

La dimensión del "desprestigio televisivo" se compone de varias sub-dimensiones que aparecen de manera recurrente en el discurso materno y que son: a) valoración del consejo materno; b) puesta en duda de la verosimilitud televisiva; c) reporte de que sus hijos ven mucha TV; y d) señalamiento de las "cosas indebidas" que salen en la pantalla y que perjudican a los niños.

Tele-audiencia mixteca.
Dentro del conjunto de madres de familia entrevistadas en varias escuelas públicas de la ciudad de Tijuana, nos referiremos exclusivamente al sub-conjunto de madres oaxaqueñas originarias de la comunidad mixteca, inmigrantes en esta ciudad fronteriza, cuyas normas y prácticas mediadoras permiten caracterizarlas como una "tele-audiencia" particular.

Misma que se caracteriza por su apego a valores y costumbres "tradicionales", aunque paradójicamente está ubicada en la frontera norte cuyo contexto urbano resulta uno de los más modernos del país por su intenso intercambio cultural y proximidad geográfica con los Estados Unidos.

Su carácter de inmigrantes en la frontera norte pone a prueba sus valores tradicionales y la capacidad de sus prácticas comunicativas para apropiarse de las significaciones modernizadoras propias del discurso televisivo y videotecnológico, al cual tienen mayor acceso que en sus lugares de origen.

Es probable que el nivel de vida y la condición laboral de las madres migrantes de la mixteca oaxaqueña, represente en su estadía fronteriza una mejoría respecto al nivel de vida de su lugar de origen. Así mismo, que sus hijos tengan aquí un mayor acceso a la instrucción escolar, mejores oportunidades de trabajo y derecho al disfrute de "tiempo libre", que sus mismos padres.

EL reconocimiento de que las nuevas generaciones son más instruidas, implica la aceptación de un proceso basado en las aspiraciones de ascenso y movilidad social de estas madres. Aspiraciones que sin embargo, no se manifestaron en generaciones anteriores. Como dice una madre de esta teleaudiencia:Lo que yo he sufrido no quiero que ellos (los hijos) lo sufran, quiero que estudien, por eso hago el sacrificio de trabajar.

Otra madre de esta audiencia dice:Ellos (los hijos) saben leer y escribir porque nosotros "lo apoyamos", pero como a nosotros no "los apoyó" nuestros padres, es igual como si fuéramos ciegos, vemos alguna letra y no la comprendemos, no sabemos qué dice.

El analfabetismo entre los adultos de esta audiencia es la marca de una brecha generacional que tiene implicaciones para el proceso mediador materno, puesto que las madres se perciben atrasadas respecto a las nuevas generaciones, en un mundo paradójicamente cada vez menos alfabetizado y cifrado más en términos audiovisuales.

En otro sentido, el acceso de las nuevas generaciones al disfrute televisivo no es sólo la marca de una diferencia generacional, sino la manifestación del acceso a una "nueva era" en la cual se impone el criterio de los jóvenes sobre el de los adultos.

Dice una madre:¡Cómo no van a ver (la TV los niños) si ellos ya tienen la tele!.
Otra dice:Porque ya tienen la tele, ellos (los niños) creen que es bueno todo.

A pesar de la mayor competencia comunicativa de los hijos de estas madres, vía la televisión y la escuela, resalta que ellas significan como "verdadera educación", solamente aquellos conocimientos que adquieren sus hijos en la escuela por la mediación del maestro y a través de un proceso de instrucción formal; lo que aprenden de la TV es sólo pasatiempo y nunca tiene el peso institucional y la deseabilidad social de la educación escolarizada.

Así, el maestro es visto como un segundo padre, a quien las madres delegan su autoridad por la mayor escolarización que posee y porque inicia a sus hijos en este proceso de ascenso social.

Es en esta audiencia donde a pesar de su rezago escolar, la madre se mantiene en el ámbito doméstico como la principal ejecutora de prácticas de comunicación y de control que inciden en la recepción televisiva de sus hijos. Paralelo al prestigioso ámbito educativo escolar, coexiste y persiste el ámbito doméstico, cuyo peso institucional sigue siendo notable a pesar del proceso modernizador que lo engloba.

Dentro del ámbito doméstico de esta audiencia, sólo la madre tiene derecho de intervenir y orientar a sus hijos. Al respecto dice otra de las entrevistadas:
-Nada más los padres de familia (pueden enseñar a ver TV a sus hijos), porque que venga alguien y les diga: "esto debes de ver y esto no", ¡pues nada más no!.

Otra madre dice: Les explico como yo sé, le explico qué se debe de hacer y cuándo están mal, le digo qué no debe de hacer; trato a mi manera de explicarle.

Incluso la mediación materna pone límites a la autoridad del maestro cuyas prácticas pedagógicas resultan eventualmente más que tradicionales, anacrónicas. Una madre mixteca dice:El (maestro) lo regaña (al niño) cuando hace alguna cosa mal, tiene derecho también porque cuando está allá en manos de él, el maestro es responsable de él; pero si me los pega, entonces sí me enojo, porque no les tiene que pegar.

Es por esto que a pesar del rezago educativo de estas madres respecto al maestro, la escuela y las nuevas generaciones más instruidas, resulta notable que se siga atribuyendo gran valor al consejo materno. La prevalencia de este consejo como práctica de comunicación se articula en un modo particular de apropiación del texto televisivo cuando la madre "orienta" a sus hijos pequeños. Esta madre que acostumbra aconsejar a sus hijos, les dice:Mira, esto me pasó a mí y te tiene que pasar a ti, porque a todos nos pasa, pero antes de que nos pase hay que poner a pensar.

En similar sentido se apropia del texto televisivo para reforzar su consejo, cuando en la TV salen borrachos o drogadictos, entonces dice a su hijo:Mire hijo, el Dios los hizo bien y ellos han destruido su vida, porque así lo han querido.

Sin embargo, dice que no acostumbra "explicarles" lo mismo a sus hijos mayores, porque "ellos ya saben lo que está bien y mal, porque ya tienen sus estudios".

Por otro lado, las estrategias que las madres de esta teleaudiencia implementan para evitar que sus hijos "crean todo lo que sale en la tele", también vienen a reforzar los valores tradicionales.

Aquí, más que en ninguna otra audiencia, las madres tienden a "desmentir" directamente ante sus hijos lo que "sale en la tele" porque no es la realidad, es "irreal", o "no es cierto". Esta madre dice:Yo le digo que eso (de la TV) no es la realidad, que el artista busca el modo de cómo trabajar y que impresiona nada más.

Sin embargo, el elemento que prestigia a la TV en esta audiencia es el hecho de que los niños de hoy están más informados sobre temas sexuales que sus propios padres. La TV es la principal vía de acceso a esta información, lo que incide en un "despertar" que es valorado de manera positiva, pero que paradójicamente margina la posible participación materna. Dice una madre:Vienen escenas (en la TV) que no deben de venir, pero creo que en la escuela ya se les explica algo de eso.

Este rasgo del desprestigio materno ante la información sexual que reciben sus hijos por parte de la TV y del libro de texto de Ciencias Naturales está, sin embargo, más acentuado entre las madres de la audiencia pública -no mixtecas-. Especialmente en otras regiones, las madres dicen preferir que sus hijos aprendan de sexualidad en la tele, ya que ellas mismas son ignorantes y declaran no saber "hablar" de ese tema.

En esta audiencia prevalecen en la interacción con la TV las prácticas comunicativas de estilo autoritario, como órdenes, prohibiciones y negación de permisos.

Estas madres reportan que para evitar que sus hijos "vean mucha televisión", les ordenan apagarla o los ponen a hacer cosas que las auxilien en el quehacer doméstico. La práctica cotidiana de estos actos construye el sentido del "deber ser paterno tradicional" que equivale a "estar al pendiente o mandar a los hijos".

Esto implica que en esta audiencia la ordenación del tiempo de la cotidianidad doméstica es el modo principal para socializar a los hijos en la dimensión de la "socialidad".

Hay que hacer notar, sin embargo, que la práctica de "hablar", "explicar", y "dar consejo" no se contrapone a la de "ordenar", "prohibir" y "dar o negar un permiso". Por el contrario, forman un conjunto interrelacionado que dan sentido al buen desempeño del papel materno en la dimensión citada.

Respecto a la denuncia de que la TV saca cosas indebidas o nocivas para los niños, encontramos que no es tan frecuente en esta tele-audiencia como en la privada; tal vez por no tener esta audiencia tantos elementos para una lectura videotecnológica, incluyendo una postura crítica hacia la gente que diseña y patrocina los programas, cosa que sí ocurre en la audiencia privada.

En síntesis, observamos en esta tele-audiencia un énfasis en la dimensión de la socialidad a través de un patrón ordenador del tiempo de trabajo y de disfrute de los niños.

Así mismo, observamos un doble movimiento que prestigia por un lado, la autoridad del consejo y los valores tradicionales de la madre y el maestro por encima de la TV; aunque por otro lado, el prestigio para las nuevas generaciones del disfrute del tiempo libre viendo la TV y la información sobre el mundo y la sexualidad que extraen de ello, hace perder peso y actualidad (legitimidad) a la institución familiar, pues como exclama esta madre:Yo les digo (a los hijos) que no lo miren (la TV), pero yo pienso que me deberían hacer más caso a mí que a la televisión.

Tele-audiencia privada.
Ubicada en contextos urbanos del interior y centro del país, además de la frontera norte, esta audiencia se caracteriza por sostener un conjunto de valores y prácticas mediadoras menos homogéneas, más variadas y proclives a legitimar el aprendizaje y disfrute televisivo de los hijos. Si bien estas madres no forman un grupo tan homogéneo culturalmente como las de la comunidad mixteca, sí pueden ser identificadas como "tele-audiencia" por el manejo de prácticas de comunicación y valoraciones comunes.

La principal valoración en común que sostiene esta audiencia es la meta educativa de que sus hijos deben ir creando su propio criterio de selección de nuevas experiencias y aprendizajes, incluyendo la selección y disfrute de sus programas favoritos de televisión.

La búsqueda de una meta educativa para sus hijos, aunque sólo esté enunciada en el nivel normativo del discurso y no sea tan evidente en el pragmático, es ya un rasgo cultural importante que identifica a estas madres como tele-audiencia privada.

Dado que sostienen una orientación educativa basada en la expectativa de "madurez" de sus hijos, su mediación es menos concreta y más teorizada que la de la audiencia mixteca, dotándoles de una mayor competencia en la dimensión de la "tecnicidad". Por otro lado, el reiterado reconocimiento de su fracaso en evitar el que sus hijos vean mucha TV, implica que la dimensión de la "socialidad" no tiene en esta audiencia la efectividad que se vio en la pública y/o que la construcción de esta dimensión resulta insatisfactoria para estas madres.

En este sentido, algunas madres de la audiencia privada recurren a prácticas de comunicación tanto o más tradicionales que las utilizadas por las de la audiencia mixteca para intentar controlar el uso que hacen sus hijos de la TV. Sin embargo, confiesan que dichas prácticas no les han dado resultado para evitar que sus hijos pasen demasiado tiempo frente a la pantalla o vean ciertos contenidos considerados como "inconvenientes para su edad".

Así, en un nivel reflexivo que se aproxima a la "autoevaluación" estas madres reconocen con mucha frecuencia su fracaso en "prohibir" a sus hijos "ver tanta tele". Una madre dice al respecto:-Lo que más se prohibe es lo que más atrae y como sí les prohibo que vean tanta televisión, por eso creo que no he tenido mucho éxito.

Este fracaso resulta más patético en la medida en que las madres anuncian el temor de que la TV (globalizando el fenómeno como exceso de tiempo frente a la pantalla, sin especificar contenidos concretos), "dañe", "enajene" o "pervierta" a sus hijos. Otra madre de esta audiencia dice:-Sé que la televisión los puede enajenar, pero no encuentro la manera de evitarlo.

Otra madre dice:-Sí ven mucha TV mis hijos y sé que los puede enajenar, pero no encuentro la manera de que no lo hagan.

Solamente un sub-conjunto de madres de la audiencia privada enuncia en un tono tradicionalista y con mayor frecuencia que las mixtecas (quienes casi no lo hacen), su inquietud ante las "cosas indebidas" que salen en la TV y el daño moral que esto representa para sus hijos. Esta madre de teleaudiencia privada dice:-Es incómodo tanto para los padres como para los hijos, estar viendo escenas fuertes... no me gusta que durante el día pasen estos programas porque pervierten a los niños, quienes no están preparados para ver este tipo de cosas.

Otra madre de esta audiencia dice:-Lo que sale en la tele, no es apto para los niños.

Otra madre dice:-La televisión tiene programas muy nocivos para los niños, sobre violencia y sexo, que no deben de ver todavía.

En este sentido, algunas madres de audiencia privada "leen" aspectos de carácter sexual en el texto televisivo, que juzgan inconvenientes para sus hijos por considerarlos incapaces de decodificar en forma adecuada esta información.

La poca competencia cultural para asimilar constructivamente lo que sale en la pantalla que estas madres atribuyen a sus hijos, tiene un sesgo de tradicionalismo que no se aprecia en la postura de las madres de la audiencia mixteca -y pública en general-, quienes consideran que este tipo de contenidos televisivos informa y "despierta" a sus hijos a realidades que ellas mismas no les pueden explicar, aunque quisieran.

Por otro lado, en algunas madres de la tele-audiencia privada de la frontera norte del país, se advierte una real crisis de autoridad, al querer ejercer un mandato al estilo tradicional y al mismo tiempo estar implicadas junto con sus hijos, en una interacción que privilegia el valor del consumo. Esta madre de audiencia privada dice respecto al control de sus hijos:-Me obedecen más a mí que a nadie... pero no está bien que todo el día quieran estar viendo televisión, tienen que entender que tienen que hacer otras cosas, no nada más eso.

En cuanto a quién tiene la solución dice:-Un psicólogo es la persona que está más capacitada para esto, para hacerlos entender (a los hijos) de buena manera, que no está bien que todo el día quieran estar viendo televisión.

Respecto a su intervención cuando ve algún contenido televisivo "inconveniente" dice:-Los distraigo y le cambio de canal, sin que ellos lo noten.

Paradójicamente algunas madres intentan lograr que sus hijos las obedezcan y estudien, ofreciéndoles como recompensa el dejarlos ver más tiempo la TV o comprarles artículos, generalmente golosinas, que anuncian en el discurso televisivo. La misma madre que manifiesta no poder evitar que sus hijos vean tanta TV dice:-Ya de por sí son indisciplinados todos los niños, la única solución sería darles algún premio, por ejemplo, hablando del estudio, de que si estudian más se les va a dejar más ver... (se autointerrumpe)... algún programa en especial que les guste a ellos.

Otro rasgo propio de esta audiencia es la necesidad de autoevaluar su "maternaje" o el de otras madres cercanas a su círculo social. En un extremo se sitúa la madre que reconoce su fracaso en prohibir a sus hijos ver tanta TV, mientras que en el otro encontramos algunas madres que critican el proceder de "otros padres", exculpándose así de esta falla. La madre que se autocrítica dice:-Sí les prohibo que vean tanta televisión, por eso creo que no he tenido mucho éxito.

Otra madre de la misma audiencia critica a "otros padres":-Los niños últimamente han sido educados por la televisión, mas que por sus padres; los papás se desconciertan al ver que estos niños tienen valores e ideas que los papás nunca se imaginan.

Otra madre hace una crítica similar:-Los niños se van acostumbrando desde chiquitos a ver la televisión prendida, porque las personas mayores no les han enseñado a ver la televisión.

Sin embargo, en esta misma tele-audiencia hay madres que encarnan la postura criticada, es decir, son madres tan "tele-vicivas" o más que sus propios hijos, quienes reconocen este hecho y describen el modo de salir ganando en una negociación eventual con sus hijos. Una madre de esta tele-audiencia dice:-Uno con tal de que lo dejen en paz, ¡pues que vean toda la que quieran!, a mí por comodina, le digo: ¡vete a ver la televisión, me vale!

Otro punto de contraste entre la audiencia mixteca y la privada, es la búsqueda de comunicación con sus hijos. Así, mientras que la audiencia mixteca utiliza cotidianamente el manejo de permisos y órdenes respecto al uso que hacen sus hijos de la TV, la audiencia privada usa más las explicaciones de sus propios móviles para ordenar o negar y dar permisos. EL sentido de las "explicaciones" maternas en esta última audiencia es distinto al del "hablar" y "aconsejar" de las mixtecas.

La práctica cotidiana de explicar a los hijos las razones de sus propias órdenes, tiene en estas madres de audiencia privada el sentido de una auto-justificación. Involucra generalmente una orden y luego una explicación acerca de lo recién ordenado. Una madre dice:-Les digo que no es bueno que lo vean (algún fragmento del texto televisivo), les explico mis razones para que no crean que es sólo imposición, sino que es por su bien.

Otra madre dice:-Yo selecciono los programas que ven mis hijos, les explico lo que sucede en esos programas, a excepción de "Los Simpson", todo lo que ven es bueno.

Sin embargo, a diferencia de la audiencia mixteca, en la privada hay más menciones relacionadas con la búsqueda de alternativas de comunicación y entretenimiento, no sólo para los niños, sino para todos los miembros de la familia.

Por otro lado, en la medida en que las madres de la audiencia privada se significan por el deseo de lograr que sus hijos se formen un criterio propio y autónomo ante la vida, abren la posibilidad de que otros agentes sociales, además de los mismos padres, participen en la formación y estimulación educativa de sus hijos.

Contraria a la postura de que "sólo los padres deben de enseñar a sus hijos a ver la televisión", sostenida principalmente por madres mixtecas que controlan a base de órdenes y castigos el tiempo y contenido de lo que ven sus hijos, las madres de audiencia privada sostienen la postura de que tanto padres como maestros y especialistas en educación, deben de colaborar.

Esta última postura es sostenida por las madres que quieren que sus hijos tengan capacidad de enfrentarse a los cambios en forma autosuficiente y no necesiten de intervenciones ordenadoras de su parte. Así, lo que se origina como postura o meta educativa de parte de estas madres, se convierte en una práctica cotidiana de comunicación.

En cuanto a los componentes del "prestigio" atribuido a la televisión, encontramos que al igual que en la dimensión del "desprestigio", las madres de la audiencia privada manifiestan un patrón de respuesta más plural que las madres mixtecas.

Por un lado están las madres aficionadas a ver las telenovelas, quienes establecen con sus hijos una especie de pacto o negociación, con el fin de que éstos no las interrumpan en su disfrute televisivo o simplemente permanezcan en casa quietos, sin estorbar sus personales ocupaciones. Una madre de esta audiencia dice:-A mí es a la que me entretiene, a ellos no les gusta mucho la televisión, que se queden quietecitos viendo la tele ¿no?

En la audiencia mixteca probablemente también hay madres que gustan de este género, sólo que no externan la negociación que establecen con sus hijos para tener este disfrute y no les ofrecen, como las de audiencia privada, la "recompensa" de dejarlos ver más TV o comprarles determinado producto publicitado por la misma TV, si las dejan en paz.

Por otro lado, sólo en la audiencia privada se manifiesta como algo positivo, el que sus hijos aprendan en la televisión valores distintos a los que los padres les inculcan, siendo esto un signo de apertura a los diversos modos de pensar que coexisten en el mundo contemporáneo.

En síntesis, en esta audiencia se advierte un mayor énfasis en cuanto a la "tecnicidad" como dimensión socializante de las nuevas generaciones. Las madres se preocupan por facilitar a sus hijos la capacidad de aprender (aprehender) nuevos conocimientos e informaciones sobre el mundo, aun cuando en ocasiones éstos sean contrarios a sus propias orientaciones. En este sentido, la recepción televisiva es una actividad más para llenar el tiempo de entretenimiento infantil.

Sin embargo, hay segmentos en esta audiencia que sostienen la postura contraria de que sus hijos no están capacitados para comprender el significado de ciertos contenidos televisivos (de connotación sexual) y que enfatizan -sin éxito la necesidad de ordenar el tiempo libre de sus hijos a base de prohibiciones que, reconocen, son un fracaso. Este segmento de la audiencia privada resulta ser más tradicionalista que la misma audiencia mixteca.

Conclusiones.
En este ensayo dimos cuenta de algunos hallazgos empíricos que nos permiten construir dos tipos de audiencia, a partir de sus prácticas de comunicación y estrategias diferenciadas de recepción televisiva.

Podemos decir que el carácter tradicional de la audiencia mixteca, se refiere al énfasis en el ordenamiento del tiempo. En este modo de "socialidad" resulta imprescindible la intervención directa de la madre, con un estilo comunicativo autoritario a base de órdenes y concesión o negación de permisos, pero en cuyo eje central de significación se encuentra la re-valorización del consejo materno como modo de orientar a los hijos pequeños sobre la dimensión moral de la vida.

En este sentido, la apropiación materna del contenido de la programación y del modo de ver TV de sus hijos, refuerza la autoridad del "ámbito de significación familiar", que junto con la institución escolar (y específicamente con la mediación del maestro) resultan ser en términos pragmáticos, más prestigiados que la TV.

Por otro lado, el carácter moderno de la audiencia privada se refiere al énfasis en la dimensión de la "tecnicidad", es decir, en la preocupación materna por aumentar el caudal de recursos culturales para que sus hijos aprendan a codificar nuevas informaciones y elaboraciones videotecnológicas. En este sentido, más que enfatizar su capacidad de mando, la madre manifiesta un estilo de comunicación participativo, abierto a diferentes puntos de vista, incluso hasta contrarios a sus propias convicciones.

En esta audiencia no se hace tan necesaria la intervención materna directa respecto del control televisivo, sino que se privilegia la apertura a nuevas fuentes de información y a otros agentes socializadores, como puede ser la propia TV, el sistema escolar (no el maestro) y los especialistas en educación infantil. Así mismo, se recurre más frecuentemente a otras opciones de entretenimiento y diversión infantil distintas a la recepción videotecnológica. Sin embargo, en esta audiencia también se manifiesta un segmento de madres que se salen de la tendencia moderna global y que, incapaces de mantener un ordenamiento socializante de corte tradicional, recurren al "premio televisivo" y a la negociación con visos de chantaje para lograr que sus hijos estudien o les obedezcan, a cambio de dejarles ver más TV.También se cuentan las madres que tienen éxito en esta negociación porque ellas son más "tele-vicivas" que sus propios niños.

Finalmente está el segmento de audiencia privada que considera que sus hijos no tienen y no se les debe de fomentar la capacidad cultural para decodificar adecuadamente ciertos contenidos televisivos que consideran "no aptos" para las mentes jóvenes y, en este sentido, se manifiestan como más tradicionalistas que la misma audiencia mixteca.

Aunque "ver la TV" como fuente de entretenimiento está altamente prestigiado en la audiencia privada, en estos segmentos específicos la TV viene a ser una contrincante difícil de vencer por cuanto estas madres no cuentan con la capacidad para dar órdenes de la audiencia tradicional ni tampoco desean o promueven la competencia cultural de sus hijos para que en sus interacciones cotidianas, dentro y fuera del ámbito doméstico, puedan re-crear y construir significados socialmente adecuados, a partir de sus apropiaciones del texto televisivo.

Fuente:
Página web de Nombre Falso.

Para más información contacte a:
Martha Renero Quintanar.
E-mail: mrenero@udgserv.cencar.udg.mx

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Excelente página, antes no la encontré así que les felicito. Aprovecho la oportunidad para solicitarles el favor especial sim les es posible, compartirme un ensayo sobre comunicación y mediación. Anticipo mis agradecimientos. Estamos a la orden en Quito-Ecuador fundesamatriz@yahoo.com.mx somos parte de la Fundación para el Desarrollo Socioeconómico-FUNDESA. Saludos y éxitos. Dra. Lucrecia R. Oñate.

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es demaciado buena se encuentra demaciada informacion esmuy util para el estudiante

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