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Patrones de consumo de alcohol en la población masculina de cuatro consultorios médicos
Resumen
El estudio es epidemiológico, descriptivo, directo y de corte transversal, su muestra está conformada por población masculina adulta perteneciente a 4 consultorios médicos de Ciudad de La Habana y buscó realizar una caracterización de dicha población según sus patrones de consumo de alcohol. Se encuestó el universo de 910 personas a quienes se aplicaron los cuestionarios CAGE y CID y a un familiar; también se tuvo en cuenta el criterio de la comunidad y la valoración psiquiátrica según la CIE-10. Se detectó el 21,8 % de consumidores de riesgo y el 6,6 % de alcohólicos con un predominio de edades en los grupos de 20 a 29 y de 30 a 39 años de edad respectivamente. Fue alta la ausencia de vínculo laboral en esos grupos. Resultaron significativas las asociaciones entre consumo de alcohol y otros hábitos tóxicos, la repercusión laboral y en las relaciones de pareja.
Múltiples factores socioculturales, económicos y demográficos, junto a la complejidad de un sistema de vigilancia epidemiológica uniforme del alcoholismo, interfieren con una adecuada valoración de esta toxicomanía estimada a partir de diversos indicadores directos e indirectos.
Tras el estudio se concluyó que la proporción de sujetos alcohólicos se correspondió con una prevalencia de 6,6 % mientras que los consumidores de riesgo ascendieron al 21,8 % y quedó el grupo no alcohólicos con un 71,6 %.
Entre los alcohólicos predominó el grupo de 30 a 39 años de edad (35 %) mientras que de riesgo se agruparon en orden decreciente los grupos de 20 a 29 años (34,4 %) y 30 a 39 años (28,3 %); estos resultados fueron estadísticamente significativos según se muestra en la tabla 2. Por otra parte, la distribución de la población estudiada según el nivel de escolaridad completado y la pertenencia a distintos grupos de bebedores, también resultó significativa.
El 50 % del grupo alcohólicos no tenía vínculo laboral en el momento del estudio mientras el 51,2 % de los no alcohólicos se encontraba trabajando; el 15,5 % era de jubilados y el 8,9 % era de estudiantes. Se encontró un 30,8 % de la categoría de riesgo sin vínculo laboral en asociación estadísticamente significativa. Al relacionar los patrones de consumo alcohólico y las dificultades en la esfera laboral (tabla 3), los resultados fueron decrecientes para los grupos alcohólicos (35 %), de riesgo (28,3 %) y no alcohólicos (1,3 %).
La edad de comienzo de ingestión alcohólica fue más precoz en los alcohólicos (46,7 % antes de los 15 años), en contraste con el 31,9 % del grupo de riesgo y sólo el 5,4 % en no alcohólicos para ese mismo rango de edades.
La relación entre consumo de elcohol y hábito de fumar tuvo una concordancia de 83,31 % en alcohólicos, 70,2 % en el grupo riesgo y 54,8 % en no alcohólicos. Por otra parte la relación entre consumo de alcohol y de psicofármacos dio cifras de 31,7 y 12,9 % para los tipos de bebedores en el orden anteriormente descritos.
Uno de cada 4 alcohólicos (20 %) refirió antecedentes de tratamiento psicológico y/o psiquiátrico en el año previo al estudio al estudio, mientras que sólo fue atendido el 14 % de consumidores de riesgo y el 5,1 % de los no alcohólicos, hallazgos de significación estadística.
El 80 % de alcohólicos presentó dificultades en las relaciones de pareja y el 44,9 % del grupo de riesgo en constraste con el 15,4 % de no alcohólicos para una asociación significativa.
Múltiples factores socioculturales, económicos y demográficos, junto a la complejidad de un sistema de vigilancia epidemiológica uniforme del alcoholismo, interfieren con una adecuada valoración de esta toxicomanía estimada a partir de diversos indicadores directos e indirectos.
Tras el estudio se concluyó que la proporción de sujetos alcohólicos se correspondió con una prevalencia de 6,6 % mientras que los consumidores de riesgo ascendieron al 21,8 % y quedó el grupo no alcohólicos con un 71,6 %.
Entre los alcohólicos predominó el grupo de 30 a 39 años de edad (35 %) mientras que de riesgo se agruparon en orden decreciente los grupos de 20 a 29 años (34,4 %) y 30 a 39 años (28,3 %); estos resultados fueron estadísticamente significativos según se muestra en la tabla 2. Por otra parte, la distribución de la población estudiada según el nivel de escolaridad completado y la pertenencia a distintos grupos de bebedores, también resultó significativa.
El 50 % del grupo alcohólicos no tenía vínculo laboral en el momento del estudio mientras el 51,2 % de los no alcohólicos se encontraba trabajando; el 15,5 % era de jubilados y el 8,9 % era de estudiantes. Se encontró un 30,8 % de la categoría de riesgo sin vínculo laboral en asociación estadísticamente significativa. Al relacionar los patrones de consumo alcohólico y las dificultades en la esfera laboral (tabla 3), los resultados fueron decrecientes para los grupos alcohólicos (35 %), de riesgo (28,3 %) y no alcohólicos (1,3 %).
La edad de comienzo de ingestión alcohólica fue más precoz en los alcohólicos (46,7 % antes de los 15 años), en contraste con el 31,9 % del grupo de riesgo y sólo el 5,4 % en no alcohólicos para ese mismo rango de edades.
La relación entre consumo de elcohol y hábito de fumar tuvo una concordancia de 83,31 % en alcohólicos, 70,2 % en el grupo riesgo y 54,8 % en no alcohólicos. Por otra parte la relación entre consumo de alcohol y de psicofármacos dio cifras de 31,7 y 12,9 % para los tipos de bebedores en el orden anteriormente descritos.
Uno de cada 4 alcohólicos (20 %) refirió antecedentes de tratamiento psicológico y/o psiquiátrico en el año previo al estudio al estudio, mientras que sólo fue atendido el 14 % de consumidores de riesgo y el 5,1 % de los no alcohólicos, hallazgos de significación estadística.
El 80 % de alcohólicos presentó dificultades en las relaciones de pareja y el 44,9 % del grupo de riesgo en constraste con el 15,4 % de no alcohólicos para una asociación significativa.
El estudio es epidemiológico, descriptivo, directo y de corte transversal, su muestra está conformada por población masculina adulta perteneciente a 4 consultorios médicos de Ciudad de La Habana y buscó realizar una caracterización de dicha población según sus patrones de consumo de alcohol. Se encuestó el universo de 910 personas a quienes se aplicaron los cuestionarios CAGE y CID y a un familiar; también se tuvo en cuenta el criterio de la comunidad y la valoración psiquiátrica según la CIE-10. Se detectó el 21,8 % de consumidores de riesgo y el 6,6 % de alcohólicos con un predominio de edades en los grupos de 20 a 29 y de 30 a 39 años de edad respectivamente. Fue alta la ausencia de vínculo laboral en esos grupos. Resultaron significativas las asociaciones entre consumo de alcohol y otros hábitos tóxicos, la repercusión laboral y en las relaciones de pareja.
Múltiples factores socioculturales, económicos y demográficos, junto a la complejidad de un sistema de vigilancia epidemiológica uniforme del alcoholismo, interfieren con una adecuada valoración de esta toxicomanía estimada a partir de diversos indicadores directos e indirectos.
Tras el estudio se concluyó que la proporción de sujetos alcohólicos se correspondió con una prevalencia de 6,6 % mientras que los consumidores de riesgo ascendieron al 21,8 % y quedó el grupo no alcohólicos con un 71,6 %.
Entre los alcohólicos predominó el grupo de 30 a 39 años de edad (35 %) mientras que de riesgo se agruparon en orden decreciente los grupos de 20 a 29 años (34,4 %) y 30 a 39 años (28,3 %); estos resultados fueron estadísticamente significativos según se muestra en la tabla 2. Por otra parte, la distribución de la población estudiada según el nivel de escolaridad completado y la pertenencia a distintos grupos de bebedores, también resultó significativa.
El 50 % del grupo alcohólicos no tenía vínculo laboral en el momento del estudio mientras el 51,2 % de los no alcohólicos se encontraba trabajando; el 15,5 % era de jubilados y el 8,9 % era de estudiantes. Se encontró un 30,8 % de la categoría de riesgo sin vínculo laboral en asociación estadísticamente significativa. Al relacionar los patrones de consumo alcohólico y las dificultades en la esfera laboral (tabla 3), los resultados fueron decrecientes para los grupos alcohólicos (35 %), de riesgo (28,3 %) y no alcohólicos (1,3 %).
La edad de comienzo de ingestión alcohólica fue más precoz en los alcohólicos (46,7 % antes de los 15 años), en contraste con el 31,9 % del grupo de riesgo y sólo el 5,4 % en no alcohólicos para ese mismo rango de edades.
La relación entre consumo de elcohol y hábito de fumar tuvo una concordancia de 83,31 % en alcohólicos, 70,2 % en el grupo riesgo y 54,8 % en no alcohólicos. Por otra parte la relación entre consumo de alcohol y de psicofármacos dio cifras de 31,7 y 12,9 % para los tipos de bebedores en el orden anteriormente descritos.
Uno de cada 4 alcohólicos (20 %) refirió antecedentes de tratamiento psicológico y/o psiquiátrico en el año previo al estudio al estudio, mientras que sólo fue atendido el 14 % de consumidores de riesgo y el 5,1 % de los no alcohólicos, hallazgos de significación estadística.
El 80 % de alcohólicos presentó dificultades en las relaciones de pareja y el 44,9 % del grupo de riesgo en constraste con el 15,4 % de no alcohólicos para una asociación significativa.
Múltiples factores socioculturales, económicos y demográficos, junto a la complejidad de un sistema de vigilancia epidemiológica uniforme del alcoholismo, interfieren con una adecuada valoración de esta toxicomanía estimada a partir de diversos indicadores directos e indirectos.
Tras el estudio se concluyó que la proporción de sujetos alcohólicos se correspondió con una prevalencia de 6,6 % mientras que los consumidores de riesgo ascendieron al 21,8 % y quedó el grupo no alcohólicos con un 71,6 %.
Entre los alcohólicos predominó el grupo de 30 a 39 años de edad (35 %) mientras que de riesgo se agruparon en orden decreciente los grupos de 20 a 29 años (34,4 %) y 30 a 39 años (28,3 %); estos resultados fueron estadísticamente significativos según se muestra en la tabla 2. Por otra parte, la distribución de la población estudiada según el nivel de escolaridad completado y la pertenencia a distintos grupos de bebedores, también resultó significativa.
El 50 % del grupo alcohólicos no tenía vínculo laboral en el momento del estudio mientras el 51,2 % de los no alcohólicos se encontraba trabajando; el 15,5 % era de jubilados y el 8,9 % era de estudiantes. Se encontró un 30,8 % de la categoría de riesgo sin vínculo laboral en asociación estadísticamente significativa. Al relacionar los patrones de consumo alcohólico y las dificultades en la esfera laboral (tabla 3), los resultados fueron decrecientes para los grupos alcohólicos (35 %), de riesgo (28,3 %) y no alcohólicos (1,3 %).
La edad de comienzo de ingestión alcohólica fue más precoz en los alcohólicos (46,7 % antes de los 15 años), en contraste con el 31,9 % del grupo de riesgo y sólo el 5,4 % en no alcohólicos para ese mismo rango de edades.
La relación entre consumo de elcohol y hábito de fumar tuvo una concordancia de 83,31 % en alcohólicos, 70,2 % en el grupo riesgo y 54,8 % en no alcohólicos. Por otra parte la relación entre consumo de alcohol y de psicofármacos dio cifras de 31,7 y 12,9 % para los tipos de bebedores en el orden anteriormente descritos.
Uno de cada 4 alcohólicos (20 %) refirió antecedentes de tratamiento psicológico y/o psiquiátrico en el año previo al estudio al estudio, mientras que sólo fue atendido el 14 % de consumidores de riesgo y el 5,1 % de los no alcohólicos, hallazgos de significación estadística.
El 80 % de alcohólicos presentó dificultades en las relaciones de pareja y el 44,9 % del grupo de riesgo en constraste con el 15,4 % de no alcohólicos para una asociación significativa.
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