Secretariado Diocesano de Pastoral Social, SEPAS
El Secretariado Diocesano de Pastoral Social, SEPAS, es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro, fundada por la Diocesis de Socorro y San Gil (Colombia), en el año de 1976. Su objetivo es promover, asesorar, elaborar y ejecutar proyectos de desarrollo integral, solidario y sostenible a escala humana, a partir de comunidades locales, provinciales o sectores geográficos, humanos, homogéneos y bien definidos.
Como parte de su trabajo de promoción del desarrollo entre los grupos sociales en la región, SEPAS incluye la capacitación y fortalecimiento de las emisoras comunitarias del sur de Santander (Colombia), buscando que estas estaciones se conviertan en elementos claves de la democratización. Como resultado de esta labor, SEPAS ha conformado un área de capacitación a productores radiales y directivos de las emisoras comunitarias, y otra de producción de materiales radiales educativos de alta aceptación en al región.
SEPAS es también responsable de estimular las organizaciones existentes, promover la creación de grupos gremiales y de comunidades de base, con el fin de canalizar la energía humana hacia la consecución del desarrollo.
En el siguiente testo, Ivonne Pico, Responsable de la Unidad de Comunicaciones, hace una narración sobre los principios y lineas de trabajo de SEPAS:
"La Pastoral Social viene realizando presencia en la Diócesis de Socorro y San Gil desde hace 40 años, cuando surge en el contexto de la década del 70 y del auge de la Revolución Cubana. El eje central de nuestro trabajo ha sido la educación, así que el proyecto surge asociado al Instituto de Liderazgo Social como una estrategia de liderazgo en el proceso de formación y capacitación. Este instituto aglutina a los líderes, los capacita por tres meses y posteriormente los devuelve al campo para que realicen sus tareas. Posteriormente se ve la necesidad de realizar educación en las veredas a través de la Fundación para la Aplicación y Enseñanza de las Ciencias (Fundaec), y se crea el Instituto Técnico para el Desarrollo Rural (Idear), que es en estos momentos el encargado del bachillerato rural, a través de un sistema de aprendizaje tutorial, una metodología por módulos que se lleva a los campesinos.
Así como el tema educativo ha tenido cierta prioridad, existe otro eje fundamental que son las organizaciones populares. A través de esa formación de liderazgos se fueron creando organizaciones populares y se fueron asociando los tabacaleros, por ejemplo, a través de la agremiación Agrotabaco; o los productores de fique a través del Sindicato de Trabajadores, Productores y Artesanos del Fique. Así mismo se creó en 1984 la Asociación de Mujeres para una Nueva Sociedad, que terminó organizando la única cooperativa de mujeres que existe en el país en este momento, Coopmujer.
Otro proceso que se ha generado es el de la economía solidaria. Toda la producción esta organizada a través de economía solidaria y eso se logró gracias al trabajo del Padre Ramón González, quien impulsó la idea de que cada parroquia que no tuviera cooperativa, era una parroquia 'coja'.
El año 1990 se creo la Unidad de Agroecología y Medio Ambiente donde generamos procesos de producción mucho más amigables con el medio ambiente, donde contamos con agricultura ecológica y con procesos de reforestación. Con ello buscamos beneficiar a nuestros agricultores en medio de las condiciones agrestes que enfrentan con problemas de erosión, problemas de agua, de alta salinidad... todo ello se ve reflejado en el carácter de ser santandereano. Nosotros creemos que el entorno de nuestros agricultores es su vereda , así que vemos la posibilidad de crear soberanía alimentaria a través de la protección a la biodiversidad, al conservación y la protección de los recursos naturales.
Tenemos en este momento más de 100 tutores, 17 asesores y más de 171 grupos que están repartidos en toda la provincia, y casi siempre están en las zonas más lejanas del municipio. De la misma forma, a medida que se fueron generando estos procesos se fueron consolidando proceso de vivienda y de mujeres cabeza de familia que lideran procesos de autoconstrucción. Más de 100 familias en San Gil se han visto beneficiadas por este proceso.
Existe también un equipo móvil dirigido al tema de derechos humanos de vida, justicia y paz, que se moviliza en las diferentes parroquias buscando generar cultura. Hacia los alrededores de la región hemos tenido presencia de conflicto armado, pero hemos buscado enfocarnos en los conflictos de la cotidianidad como la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil, porque son fenómenos que afectan de manera cercana y permanente a la comunidad. Hasta hace cuatro años nosotros pertenecíamos a la provincia de Vélez, y esa cercanía nos enseñó mucho -con sus conflictos- sobre la prevención de la violencia y sobre el trabajo por la paz para prevenir los conflictos armados.
La comunicación ha sido fundamental y básica en este desarrollo porque ha sido la manera de socializar esta experiencia para que las otras comunidades empiecen a tener la vivencia y el conocimiento. Tuvimos un periódico durante 17 años llamado el “José Antonio”, dedicado a traer las buenas nuevas: nuestro propósito nunca ha sido traer las malas noticias, pero si registrar aquello que llama la atención de los habitantes.
Terminando la década de los 80 e inicios de los 90, se da el auge de las radios comunitarias, y nosotros, con la Pastoral Social, pedimos que el equipo de comunicaciones asesorara el montaje y legalización de esas radios. Lo que buscamos es que esta comunicación fuera una comunicación completamente diferente a la comercial, que fuera una comunicación de base, desde la gente, y que empezáramos a romper esos esquemas. Con la ayuda de la Embajada de Canadá pudimos adquirir algunos equipos para televisión y creamos RTV Comunitaria, pensando en que a través de la comunicación alcanzaríamos otros espacios.
Nosotros tenemos más población rural que urbana, así que la manera más efectiva que tenemos para llegar a nuestro campesinos, a nuestros agricultores, es a través de la radio. Sin embargo, a través de la televisión hemos tenido la posibilidad de adelantar el programa “Gente con Verraquera”, experiencia con la que hemos buscado que nuestros agricultores cuenten las experiencia buenas y bonitas que sean valiosas y que deseen propagar a través de los medios de comunicación. La idea es que la gente rompa el miedo de verse en televisión y de contar sus historias, y que sea capaz de ver no solo las experiencias exitosas, sino todo lo bonito de su actividad.
Este ha sido un proceso reivindicativo de la Iglesia en el sentido de que el trabajo social se tiene que generar desde lo vivo, pero siguiendo los lineamientos de Conferencias Episcopales Latinoamericanas como Puebla y Aparecida. Si en los años 70 nuestra propuesta fue le desarrollo hacia adentro, hoy pensamos en un desarrollo integral, solidario y sostenible.
¿Cuál ha sido la manera de integrar a la comunidad dentro de sus procesos?
Yo parto de algo y es que nuestra diócesis ha sido otro Estado colombiano en este proceso, y el hecho de que en su gran mayoría, la población del municipio sea católica: esos dos hechos marcan el tema de confianza en el proyecto. Nosotros no estamos generando un desarrollo dirigido a unos logros concretos, sino un desarrollo basado en la dignidad humana, en que la persona crezca humanamente, en que ese líder que está formado humanamente se pare frente a un ministerio, frente a un secretario y exponga su situación. En el bachillerato rural buscamos formarlos no solamente desde el punto de vista académico, sino desde el de impulsores de procesos sociales integrales.
La historia de Santander siempre ha estado muy ligada a la organización y a la unión. Desde nuestros indígenas, cuando llegan los españoles, se resisten a aceptarlos y prefieren morir antes que peder sus privilegios; o el movimiento comunero... existe una historia regional de estas organizaciones y de este tipo de desarrollo. Por más de cuarenta años, este trabajo crea un estilo de vida y muchas generaciones nacen con ese concepto, con esa visión del desarrollo; cuando tu naces con esa visión del desarrollo a través de la organización, es más fácil aceptarlo que llegar a un sitio que de organización no sabe nada. En este contexto, la Pastoral Social busca crear un liderazgo colectivo.
Actualmente trabajamos 24 personas en la Pastoral Social, pero en la base, en las comunidades, existen los entes multiplicadores y es la propia comunidad la que exige. Por ejemplo en el Bachillerato de Bienestar Rural, son los mismos padres y estudiantes quienes van ante el Alcalde a solicitar un grupo de alfabetización para que sus hijos estudien. El problema ha sido que en estos últimos años, toda la ayuda internacional entra a través del gobierno, y es difícil obtener apoyo si no se es de la misma línea del Gobierno.
Cuándo se habla de sugerir modelos de desarrollo alternativos al modelo nacional, surgen una serie de choques entre instituciones y dirigentes ¿Cómo se lleva a cabo la propuesta de este modelo y como se inserta en las dinámicas del Gobierno local?
Sepas se ha posicionado como un actor político de la región y eso hace que ante las Alcaldías, independientemente de quien las ocupe, existe un peso institucional que permite hacer concertación. Lo otro es que nosotros generamos organizaciones autónomas que no dependen de nosotros, pero que han crecido dentro de esa dinámica, y defienden sus propios intereses. Tenenos también experiencias no tan buenas de líderes que han llegado al Consejo y se ha dejado absorber por la politiquería.
Alguna vez tuvimos problemas en el municipio de Bolívar, en donde en alguna ocasión hubo una toma guerrillera. En esa ocasión se fue el Obispo con todos sus sacerdotes y habló con la comunidad, diciéndoles que no podían dejarse amedrentar por lo que ellos hicieran, que la sociedad civil tiene un espacio, y se empezó a hacer todo un trabajo alrededor de los diálogos pastorales y de generar un posicionamiento de las personas en donde existe un respeto por el individuo y por lo que cada quien piensa. Existía un representante del Programa “Vida, Justicia y Paz” que acompañaba al Obispo en sus diálogos con los insurgentes y les manifestaba que en realidad no querían este tipo de intervenciones.
Aquí se dieron las dos tendencias del desarrollo político: quienes decidieron irse por la parte armada y quienes pensamos que el trabajo social era la vía. Existe esa dinámica de reconocer ese trabajo, y cada vez que había una intervención insurgente, la población se movilizaba y se manifestaba argumentando que tenían otra propuesta y exigiendo que fuera respetada. Todas esas marchas y manifestaciones de 10.000 o 15.000 personas, generaron presión y lograron el efecto de plantear un desarrollo integral del ser humano.
Eso no significa que no haya caído gente. La guerra es perentoria y lo que uno ha hecho en 20 años también se puede callar con una bala. Muchos líderes han caído... porque esa es la realidad del país y alrededor de eso también nos tenemos que mover.
Entremos en el detalle del proceso de formación. Más allá del proceso académico, ¿existe una formación en cuanto al modelo de desarrollo propuesto?
Nuestro modelo ha venido creciendo y nos hemos aferrado al criterio de desarrollo local. Tratamos de conservar nuestro equipo humano porque cada vez que se nos va un compañero, se pierde todo un proceso, y el equipo existente es compacto y se identifica con la idea que planteamos.
Mi pregunta muchas veces es como hacer para partir de la nada. ¿Cómo hacer cuándo no se cuenta con el referente histórico para que la gente crea que si en un tiempo hubo ánimos para hacer las cosas, en este también las hay? Yo creo que no sólo importa ese referente, lo que importa es trabajar con la gente que está. Una de las cosas que nos causa cierta indignación es la caridad, porque los problemas no son cuestión de que usted tenga para comer hoy y ya. Siempre hemos partido de trabajar con lo que la gente tiene, y no me refiero solamente a los recursos económicos: estoy hablando también de la calidad humana que hay. Entonces, creo yo, que uno nunca parte de cero, que siempre hay algo que impulsa. Uno es más un facilitador, un animador para que la gente haga sus cosas.
Los muchachos del bachillerato, por ejemplo, entran al programa con el comportamiento del campesino colombiano: retraído, ensimismado, callado, con algo especial adentro, pero incapaz de sacarlo. Por eso el primer ejercicio que se encuentran en sus módulos es preguntarle a la gente sobre qué es el bienestar; eso ya les obliga a tener en contacto. Y cuando llegan al nivel práctico, uno ve a esos mismos muchachos proponiendo cosas para sus propios lugares. Ese es el sello y el valor agregado de este proceso. El trabajo podría terminar diciendo “desarrollamos algunas habilidades básicas comunicativas o agrícolas”, pero el valor agregado del proceso es que partimos de un cuestionamiento sobre qué es usted y quién es usted para su comunidad, y eso a cualquier ser humano, lo sacude.
Es importante pensar que vemos las necesidades como oportunidades, pero no desde mi propia necesidad sino desde la necesidad colectiva. El principio no es que yo te doy un pan y tu te vas a la casa a comértelo. Así no es. Es más bien, yo le doy un pan, pero ¿usted que tiene para dar? Eso de que no tenemos nada que dar, no es cierto. Por más miserables que seamos tenemos algo que entregar y ese algo, unido a lo que cada uno da, nos permite hacer algo. Uno no sabe, por ejemplo, si los recursos que vienen de fuera son buenos o malos. Entre los pobres del país, nosotros somos los menos pobres, así que tenemos que esperar a que la situación esté mal para recibir su apoyo.
Nosotros aprendemos haciendo: no todo lo sabemos y permanentemente estamos aprendiendo de las comunidades. Es parte del respeto, del reconocimiento por el otro. Así como todo el proceso ha tenido etapas, la comunicación también las ha tenido. Cuando empezó todo el trabajo de animación hace 40 años, no eran los medios lo más importante, sino el tejer esa confianza de igual a igual lo que iba a permitir que las cosas se dieran, y ahí hay un proceso de comunicación, porque cuando nos sentamos a conversar aplicando un principio de comunicación. La comunicación en este proceso ha sido tal vez el eje más invisible porque es un eje muy transversal, y por eso no lo concebinos como las herramientas que se produzcan, sino como el trasfondo del proceso. Tenemos experiencias de radio, pero antes de eso, se hizo esa transmisión a través de los altoparlantes de las parroquias, con el voz a voz para reuniones, con los disensos y concertaciones que se generaban para las marchas, con todo eso generamos comunicación.
Luego, al llegar el proceso educativo, empieza también a nacer el proceso del “Jose Antonio”, que fue la primera herramienta concebida por el SEPAS. Lo escrito era en ese momento lo fuerte y la gente mandaba sus artículos, sus notas. Ya en los 90’s, cuando empieza todo el auge de las radios comunitarias, descubrimos otra herramienta de trabajo. Empezamos a preguntarnos como se puede generar comunicación comunitaria y como se pueden fortalecer las emisoras de la región. A muchas personas les llegaron los equipos y las licencias, y no sabían que hacer con ellos, así que nosotros nos dedicamos al acompañamiento y a la formación para plantear propuestas de desarrollo para la región. Lo importante es que todo ha servido para visualizar ese trabajo y para hacer una propuesta desde la comunicación para fortalecer ese proceso de desarrollo.
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